La venganza es un plato que se come frío...

-Crees que se ve bien esta corbata con este traje?- preguntó Jaime a su esposa mientras se preparaba para ir a trabajar.

 Reyna salió del baño, envuelta en su bata y contempló a su marido. Desde hacía ya 10 años que estaban casados, a él le gustaba pedir la opinión de su esposa antes de terminar de arreglarse. Ella lo miró de lejos y dio su aprobación. Ambos se estaban arreglando para ir a sus respectivos trabajos, él era director en una escuela y ella era visitadora médica para una empresa farmacéutica. Los 2 salían prácticamente a la misma hora y la casa se quedaba sola durante todo el día. Habían decidido no tener hijos mientras se estabilizaban económicamente, ya que se habían juntado muy jóvenes; ella tenía 24 y acababa de terminar su carrera y el tenía 29 y era profesor de historia en una secundaria.

 Se habían conocido a través de un amigo mutuo que tenía a su hija en la secundaria donde él daba clases y en la reunión de 15 años de la joven se conocieron. Ambos habían ido solos a la reunión.

 Ella estaba en una relación tormentosa con un compañero de trabajo y él salía de una relación monótona.

 En la fiesta, al ir solos, se les acomodó en una mesa donde estaban los amigos de la chica; todos jóvenes y que se conocían entre sí. Ellos empezaron a platicar y tuvieron oportunidad de bailar. Él se ofreció a llevarla a su casa después de la fiesta y ella aceptó.

 Empezaron a salir, con reticencias de ella porque aún no había terminado formalmente con su relación anterior. Ella se sentía muy culpable y hasta pensó en separarse de Jaime hasta terminar con su novio.

 Unos días después, Reyna se enteró que su novio había embarazado a una colega del trabajo y ambos habían sido despedidos. Ella habló con su, hasta ese entonces, novio y le dijo que la relación estaba terminada y que fuera feliz con su próxima esposa e hijo. El muchacho no podía rebatir el embarazo y la dejó ir. A partir de ahí, Jaime y Reyna comenzaron una relación apoteósica.

 Ella se había sentido usada en su relación anterior y él había caído en una rutina mortal. Comenzaron a salir a diferentes lugares; restaurantes, museos, cines; pudieron hacer viajes cortos alrededor de la ciudad y se sentían como adolescentes.

 Tanto el trabajo de ella como el de él, les dejaban los fines de semana juntos y los disfrutaban al máximo. Habían de pasar varios meses antes que comenzaran a tener relaciones; principalmente, porque en su anterior relación, Reyna no sentía satisfacción con su pareja; él simplemente solicitaba el sexo en donde lo necesitaba y se desahogaba. Ella se dejaba hacer y el le pedía cosas distintas, en diferentes lugares, llegó a darle sexo oral en un cine, y él solo la dejaba una vez que él terminaba. Siempre se había sentido que solo cumplía con las necesidades de él y ella estaba relegada.

 Algo similar le había ocurrido a Jaime. Él estaba con una novia que le interesaba más su trabajo que la relación. Ella era entrenadora física profesional, ayudaba a sus clientes a conseguir el cuerpo que deseaban, a base de ejercicio y dietas, contaba entre sus clientes a modelos y actores y su agenda era muy concurrida. Cuando salían o estaban juntos, ella no se sentía muy a gusto con él; a pesar que él tenía buen físico y hacía ejercicio, el tema sexual era un lastre. Cuando tenían relaciones, ella rara vez alcanzaba el orgasmo y el se sentía insatisfecho. Él hacía todo lo posible por satisfacerla pero ella se concretaba a aceptar lo que él hacía, sin mucho entusiasmo; en alguna ocasión llegó a detener el encuentro sexual porque se estaba despeinando o el maquillaje se podía correr. Ella no toleraba dar sexo oral pero aceptaba que él se lo proporcionara, más por darle gusto a él que porque le gustara y el semen le causaba repulsión. Así que Jaime tampoco tenía buenas experiencias en el ámbito sexual.

 Debido a las experiencias de ambos, inconscientemente, postergaron la situación física por bastante tiempo; hasta que cierta ocasión estaban en Querétaro en la feria del vino. La cata había sido muy extensa y algunos de los vino estaban muy fuertes. Al ya no encontrar transporte para regresar a la ciudad, decidieron quedarse en un hotel y regresar al día siguiente. Ya en la habitación se dispusieron a descansar; pero decidieron tomar un baño antes. Ella se estaba duchando cuando él entró desnudo a la ducha con ella. Al principio, ella se sintió cohibida por su aspecto, ya que su antiguo novio siempre le decía que no tenía bonito cuerpo y que nadie la querría. Él la abrazó y la comenzó a besar bajo la regadera, ella pudo sentir entonces que él comenzaba a excitarse y eso la animó a continuar; ella también empezaba a reaccionar con las caricias de él y se dejó llevar.

Bajo el agua tibia, él la comenzó a acariciar y a masturbar lentamente. Ella sentía a su cuerpo responder poco a poco. Los besos y las caricias lograron que ella tuviera un orgasmo que hacía mucho no experimentaba . Aún temblando, él la cargó en sus brazos y la llevó a la cama y así mojados siguieron con el juego amoroso. Él puso en práctica todo lo que no había funcionado con su novia anterior y Reyna tuvo un orgasmo tras otro. Para cuando él entró, ella estaba exhausta y su cuerpo ansioso por el varón, olvidaron la protección y ambos se abandonaron a la pasión. El alcohol les ayudó a desinhibirse y disfrutaron toda la noche de la pasión.

 Al día siguiente, buscaron una farmacia y compraron la pastilla del día siguiente; decidieron que usarían las pastillas para controlarse ya que no iban a dejar de estar juntos ahora que lo habían probado.

 A los 10 meses de estar saliendo, decidieron irse a vivir juntos y eligieron el departamento de ella por estar más cerca de ambos trabajos. Tenían 2 autos debido a que ambos necesitaban usarlo; ella tenía un Nissan Versa 2012 en muy buenas condiciones ya que tenía que estar moviéndose constantemente por toda la ciudad para visitar a los médicos y mostrarles los nuevos medicamentos que su laboratorio ponía en el mercado. Jaime tenía un Mustang 1977 Cobra II 4 cilindros que era su orgullo; lo había comprado cuando era un joven; poco a poco lo había arreglado y parecía como sacado de la agencia. El auto era negro con una gran águila dorada cubriendo todo el cofre. Lo llevaba a la escuela donde era director y todos los muchachos lo admiraban.

La decisión de no ser padres fue de mutuo acuerdo y aún se cuidaban con las pastillas que Reyna se tomaba religiosamente.

La rutina se había apoderado de la relación después de 10 años de estar juntos. A veces salían pero preferían estar en casa. Se dividían las labores domésticas y todo iba muy bien. Se habían abierto a salir con amigos algunas veces y últimamente, salían cada quien por su lado, para tratar de acabar con el hastío. El tema sexual seguía intacto, cada vez que estaban juntos, se gozaban el uno al otro con mucha pasión; pero ya solo era un par de veces a la semana.

A veces, ella llegaba después de él y la cena ya estaba lista o viceversa, la convivencia era muy buena. A veces, él llegaba muy tarde, sobre todo cuando era tiempo de exámenes o de cierre administrativo y ella no sospechaba nada; pero las llegadas tarde se hacían cada vez más frecuentes; él le decía que ya no quería cenar y se iba a acostar directamente. Los fines de semana, él estaba más apático que de costumbre, no quería salir sino quedarse en casa, y cuando salían, trataba por todos los medios de regresar rápidamente.

 Cierto día, ella pensó en darle una sorpresa e invitarlo a almorzar; ella estaba cerca de la zona donde estaba la escuela que él dirigía y enfiló hacia allá. Al estacionarse, le extrañó no ver el auto de él en el estacionamiento; pero aún así, entró hasta la escuela y a la oficina de Jaime. La secretaria le explicó que el director había salido pero no tardaría en regresar. Reyna decidió esperarlo un rato, pero después de media hora pensó en retirarse; le dijo a la secretaria que no era necesario que se avisara de su visita.

 Reyna terminó su jornada de trabajo y condujo hasta su casa. El auto de su esposo ya estaba ahí; había llegado temprano como hacía mucho que no sucedía.

 -Hola. Cómo te fue en el trabajo?- preguntó él mientras preparaba algo de pasta para cenar.

 -Hola. Lo mismo de costumbre. Muchas visitas por el nuevo antibiótico que sacamos a la venta.- dijo ella mientras se quitaba los tacones.

 -Hubiera preferido que me avisaras que ibas para poder esperarte. Me siento mal por lo que no te pude atender.- dijo él apenado.

 -No te preocupes. Fue mi culpa. Quería darte una sorpresa; pero no me salió. No sabía que tenías que salir cuando estás en la oficina?- preguntó ella.

 -No es muy frecuente, pero a veces tengo que buscar algunas cosas para la escuela; material, cosas para alguna celebración, investigar algún mobiliario; pero no es muy frecuente . Que mala suerte que tocó hoy que fuiste tú.- dijo él sirviendo la pasta.

Sacó del refrigerador una botella de vino tinto y sirvió un generoso vaso para ella. Ambos se acabaron 2 botellas durante la cena y se fueron a acostar. Ya en la recámara, ella entró al baño para cambiarse para dormir; pero, en lugar de ponerse un camisón, salió desnuda y lista para estar con su compañero; sin embargo, cuando salió él estaba profundamente dormido. Ella se puso el camisón y prendió la televisión. No había nada y empezó a cambiar los canales, viendo que encontraba.

 Apareció un programa que se transmitía desde Miami, acerca de una pareja en la que el marido ya no tenía relaciones con la esposa porque prefería ver pornografía por internet, ya que lo excitaba más que su esposa y hasta hablaba de conseguir una muñeca inflable para cumplir sus fantasías. La esposa se escandalizó y decía que el matrimonio no era para cumplir los sucios deseos de los hombres y que quizá prefiriese que el marido usara la muñeca inflable o se fuera con prostitutas antes de cumplir sus deseos sucios.

 Reyna no sabía realmente que pensar sobre su esposo; el último año, la situación de pareja había cambiado mucho, pero ella lo atribuía al exceso de trabajo por parte de ambos. Había decidido no hacer mucho escándalo de ello, pero sentía que la brecha se hacía más grande. Pensaría que podría hacer para mejorar la situación.

 Pasaron algunos meses y la situación no cambió, ni para bien, ni para mal.

 Un domingo estaban caminando dentro de un centro comercial y vieron un vestido de novia en un aparador.

 -Te gustaría que nos casáramos?- le preguntó él a ella.

 -Te quisieras casar conmigo?- contestó ella.

 -Prácticamente, sólo nos falta el documento, tú que piensas?

 -Si me gustaría que formalizáramos nuestra situación.

 -Voy a investigar los requisitos y lo hacemos; te parece?

 Un mes después de aquella platica, Reyna y Jaime se casaron por el civil y tuvieron una pequeña reunión con familiares y amigos. A partir de ese momento, ellos decidieron suspender el anticonceptivo para tratar de tener un bebé. Se abocaron casi todos los días a buscar el embarazo. Trataron con los días más fértiles, pero Reyna no se embarazaba. 6 meses después de no conseguirlo, fueron al médico.

 El médico les explicó que, a veces, el anticonceptivo provoca hasta un año antes de poder embarazarse cuando se ha tomado por largo tiempo. Ellos decidieron seguir intentándolo, pero más de un año había pasado y el embarazo no llegaba. Una vez más fueron al doctor y se sometieron a muchas pruebas para ver qué sucedía. Jaime fue el primero y su conteo de esperma estaba normal; pero los exámenes de Reyna no fueron tan satisfactorios; parecía que tenía una enfermedad en la que los óvulos no maduraban y el uso de las pastillas anticonceptivas había radicalizado la situación. El médico sugirió que se intentarán varios métodos de fertilización in vitro; sin embargo, los tratamientos eran costosos y sólo hablaban de un 50% de probabilidad de éxito.

 Ambos se desilusionaron un poco. Después de tanto tiempo, ahora que querían un hijo, la situación se complicaba. Platicaron mucho sobre el tema y decidieron que por algo no iban a poder tener hijos y que se dedicarían a disfrutar su matrimonio y vida en pareja.

 Pasaron algunos meses y la relación pareció mejorar un poco; pero Reyna notaba que su esposo estaba un poco más ansioso y apasionado; no quiso hacer mucho escándalo al respecto, pero a veces, parecía cómo si quisiera compensar algo.

 El tiempo seguía y ella se dedicó más a su trabajo que a pensar en la situación que estaban atravesando.

 Un día, ella iba camino a visitar a un médico en la zona sur de la ciudad, muy lejos de la zona que siempre trabajaba; pero su jefe se lo había pedido como un favor especial, ya que el visitador que tenía dicha zona, había sufrido un accidente y estaba de incapacidad por 3 meses; el supervisor estaba pidiendo a todos los visitadores que, cada día, uno diferente cubriera la ruta para cumplir con todas las visitas. Reyna estaba muy molesta por el tránsito tan intenso que se estaba generando. El calor y el apetito que ya sentía, sólo incrementaban su molestia. Estaba en un semáforo, cuando vio un carro que se parecía al de su marido.

 Al comprobar las placas, vio que se trataba del auto de su esposo. Sin saber exactamente porqué, se dispuso a seguirlo. Su esposo estaba al volante y una jovencita de no más de 16 años iba con él. Se veía que iban platicando muy a gusto y con una familiaridad de mucho tiempo. Ella siguió a su esposo hasta la escuela donde era director. Desde lejos, pudo ver que él le abría la puerta a la jovencita. Quizá era su imaginación, pero el pelo de la joven se veía húmedo.

 Terminó tarde las visitas y su esposo ya estaba en casa con una pizza a medio comer.

 -Hola. Trabajando tarde hoy?- preguntó mientras masticaba un trozo de pizza y sin dejar de ver la televisión.

 -Si. Un compañero se accidentó y tuve que hacer sus visitas hoy. A ti, cómo te fue?

 -Lo de siempre. Ya sabes. Encerrado en la oficina; con muchos papeles por revisar. Quieres un trozo de pizza? Llegó hace un rato pero todavía está caliente.

 -Entonces, estuviste en la oficina todo el día?- preguntó Reyna, tomando un refresco del refrigerador y acercándose a la pizza.

 -Si, tú crees? Ni tiempo me dio de salir a comer; había un cerro enorme de papeles por revisar y en unas semanas, llega el montón de certificados para firmar.

 -Oye, me preguntó uno de los compañeros de trabajo, su hijo sale de la secundaria este año; ustedes tienen preparatoria?

 -Si, y las inscripciones van a empezar en unos meses; si quieres, cuando empiecen, te doy la información de las inscripciones.

 -Y hasta que edad los aceptan? Porque creo que este muchacho perdió un año.

 -Eso no hay problema; tenemos alumnos que terminan la prepa a los 20 años.- Jaime le platicaba sin dejar de ver la televisión.

 Reyna no dejaba de mirarlo y pensaba que quizá se estaba imaginando cosas y que sólo era la neurosis lo que la movía.

 Al acostarse, ella trató de tener intimidad con él y él parecía estar dispuesto; pero, de último momento, dijo que quizá no sería una buena idea por lo cansada y fastidiada que ella se sentía. Él se ofreció a darle un masaje en la espalda para que se relajara y durmiera mejor. Ella aceptó el masaje sin dejar de pensar que podía estar pasando con su marido. Prefirió confiar en él, dejar pasar las cosas y se concentró en hacer más llevadera su vida de casada.

 Después de un tiempo y con todo olvidado, decidieron tomar unas vacaciones y fueron a la playa. Ella se había comprado un traje de baño de una sola pieza, pero no se sentía muy cómoda sólo con eso y siempre traía una playera para salir a la playa. Habían escogido Ixtapa por ser una época tranquila del año. Ya instalados, Jaime se adelantó para conseguir un buen lugar en la playa. Cuando Reyna llegó, lo vio platicando con un par de jovencitas de no más de 17 años que usaban unos diminutos bikinis. Ellas se reían y se dejaban impresionar por aquel maduro de poco más de 40 años que todavía se conservaba en forma. Cuando ella se acercó, él las presentó de la manera más natural; pero las jovencitas poco interés le pusieron a aquella mujer que empezaba a perder la figura. Jaime y Reyna estuvieron en la playa un rato, cuando las jovencitas se acercaron e invitaron a Jaime a jugar voleibol, sin tomar en cuenta a Reyna; él volteó a verla e invitarla, pero antes de que pudiera decir algo, ella rechazó toda invitación y le dijo que se fuera a divertir. Mientras él estaba jugando, ella notaba cómo su marido veía a las jovencitas y el entusiasmo que demostraba al abrazarlas cuando hacían un punto y ellas correspondían al entusiasmo. Después de un rato, ellas se alejaron y le sonrieron mientras le decían adiós con la mano. Se sentó junto a ella, le dio un casto beso en la frente y se sentó con los lentes obscuros puestos; pero, a pesar de los lentes, ella podía ver como se le iban los ojos al observar a las jovencitas en bikini. A veces sentía que estaba paranoica y que su imaginación le estaba jugando una mala pasada; pero, entonces recordaba a su esposo con aquella jovencita en su auto y que no había sido del todo sincero y seguía pensando

 En otra ocasión, su marido llegó tarde y con el cabello aún algo húmedo.

 -Por que traes el cabello mojado?- preguntó ella mientras tocaba su cabello.

 -Empezó a chispear cuando salía de la oficina y me mojé un poco, pero nada de cuidado.- decía Jaime con una sonrisa.

 Tomó una toalla y se comenzó a secar. La sospecha de Reyna seguía creciendo y necesitaba saber cómo averiguar la verdad. Al terminar de cenar, se fueron a acostar, sólo recibió un beso en la mejilla y su esposo empezó a roncar inmediatamente. Reyna veía la televisión sin mirarla; su cabeza trabajaba rápidamente. Ojalá que su compañero de trabajo se recuperara pronto porque necesitaba un par de días.

 Un domingo, Jaime le dijo que saldría con algunos maestros a una visita a unos museos, para sacar información para los siguientes cursos. Reyna dijo que estaba bien y que aprovecharía para pintarse el pelo y descansar.

 -Oye, mi teléfono ya no enciende; hay que cambiarle la batería. Lo voy a dejar, no tiene caso que me lo lleve. Cualquier cosa, yo te hablo, te parece? Gracias. Te veo luego.- de despidió con un beso en la mejilla y salió.

 Reyna vio cómo el Mustang de su esposo se alejaba y pensó en ver si podía revisar el teléfono de su marido. Se acercó al teléfono y no encendió. Ella lo conectó con el cargador y nada pasó; espero unos minutos y el teléfono seguía sin responder. Lo iba a desconectar y en ese momento, sonó su teléfono celular; vio que era su compañero que le agradecía por haber cubierto su ruta cuando él estaba indispuesto. Ella se alegró de poder despejar la cabeza con algo totalmente ajeno a lo que le preocupaba. Al terminar la llamada, se metió a la ducha y tomó un largo baño tibio. Salió del baño solo con una ligera bata puesta. Se fue a la cocina y preparó un par de sándwiches. Estaba viendo la televisión y comiendo, cuando una alerta sonó. Un mensaje había llegado. Fue a su teléfono y no había ningún mensaje. Regresó a seguir viendo la televisión y la alerta volvió a sonar. Se dirigió al teléfono de su marido y un mensaje estaba en la pantalla.

 Cuando vio el mensaje, trató de recordar la contraseña. Al encontrarla, abrió el teléfono, fue a los mensajes y no estaba el que había llegado.

 Recordó que su esposo le había platicado que su teléfono tenía la función de esconder ciertas conversaciones y abrirlas sólo con contraseña. Ella le había comentado que para que podía servir eso. Él le contestó que podría ser de gran ayuda para los infieles.

 Entró al sistema y encontró el acceso a los mensajes ocultos; tecleó un par de claves y el acceso se permitió. Empezó a leer los mensajes, del más reciente al más antiguo. La conversación era entre su esposo y alguien llamado Jessica.

 Jessica- Perdón otra vez por seguir con lo mismo pero tengo miedo de quedar embarazada. Con la pastilla que me diste no pasa nada?

 Jaime- No te preocupes, ya la he utilizado varías veces y ya verás que no pasa nada.

 Jessica- Entonces con lo que me diste, ya se arregló todo?

 Jaime- con lo que te tomaste, es suficiente.

 Jessica- yo no digo que no, pero tu viste que no tengo experiencia.

 Jaime- Te preocupas demasiado. Con la pastilla, no quedas embarazada. Además, no digas que no te gustó y ahora te preocupas.

 Jessica- Pero fue mucho lo que quedó dentro de mi.

 Jaime- Siempre la primera vez es muy raro, pero ya te irás acostumbrando. El condón no tiene que ver.

 Jessica- Nunca me habían dicho eso. Yo creía que con el condón se sentía mejor.

 Jaime- Nunca había estado con una virgen como tú. Además, la primera vez debe ser siempre sin condón para que tu cuerpo se acostumbre al semen.

 Jessica- Seguro eso les dices a todas las que se acuestan contigo y son vírgenes.

 Reyna ya no quiso seguir leyendo. Al cerrar la conversación, sintió arcadas y muchas ganas de vomitar. Se dirigió corriendo al baño y vomitó todo lo que tenía en el estómago. Su cabeza daba vueltas y no sabía que hacer.

 Cuando se sintió mejor, fue una vez más al teléfono de su esposo; lo abrió y borró el último mensaje, como si nunca hubiera llegado. Buscó más mensajes ocultos pero no había nada. Buscó entre las fotos y videos algún archivo escondido y no encontró nada. Quería creer que quizá, sólo había sido una vez y que no se repetía; pero el mensaje decía que ya había usado varias veces la pastilla; entonces, había más muchachas. Siguió buscando en el teléfono y, aparte de aquella conversación, no dejó lugar sin buscar; solo le faltó buscar en la alarma y el calendario, pero no creía que ahí hubiera algo. Abrió el calendario sin esperar nada; solo aparecieron los días. Antes de rendirse, vio que algunos de los días, tenían pequeños círculos de colores. Abrió un día con un círculo azul y vio sus citas del día y una pequeña minuta. Resignada a no encontrar nada, vio que había puntos de otros colores en el calendario. Abrió los días que tenían un punto color rosa.

 Junio 26- hoy fue Fátima, una rica virgencita que venía de colegio de monjas. Lloro al final, pero gemía mientras la penetraba.

 Abril 3- Rosa ya tenía experiencia, pero sus novios siempre habían usado condón. Abrió los ojos como platos cuando sintió que la llenaba.

 Enero 30- Rosaura. Use el viejo truco de la desaparición. Ya tenía experiencia y me puse el condón al empezar; cuando cambie de posición, me lo quite. Sólo se dio cuenta cuando eyacule.

 Marzo 13- Naomi, muy bajita y virgencita; sentía que me estaba cojiendo a una niña. Súper apretada. Todo se quedó adentro cuando terminé.

 Septiembre 11- Mirian con 19 años y aún virgen. Necesitaba una inyección para quitárselo y se la di. Toda la medicina quedó adentro.

 Reyna leía con ojos desorbitados que las notas se contaban por docenas; en muchos días, había hasta 3 círculos rosa el mismo día.

 Ella se sentía más que traicionada por la situación en la que la había puesto su esposo. Sentía que toda la farsa de la boda y el posible embarazo eran para mantenerla contenta y tranquila. Ahora estaba decidida a tomar venganza por la afrenta. Reyna no sabía cómo poder vengarse y empezó a pensar.

 Dejó el teléfono de su marido como si estuviera cargando y espero a que llegara.

 Jaime llegó en la noche y la saludó con un beso. Ella no lo rechazó. Se veía cansado, pero bien. No daba nada a notar.

 -Como estuvo tu día?- preguntó él mientras tomaba un vaso de jugo.

 -Muy tranquilo. Me bañé; comí un sándwich y estaba tan relajada que me quede dormida la mayor parte de la tarde. Quieres algo de comer?

 -No, prefiero bañarme y nos acostamos. Mañana hay que trabajar.- de fue Jaime tarareando una canción.

 Reyna ya estaba acostada cuando él salió del baño. Salió desnudo y parecía que quería estar con ella. Ella lo rechazó dulcemente diciendo que al día siguiente tenía que estar temprano en la oficina y él en la escuela. Él estuvo de acuerdo y se durmió desnudo sobre la cama. Ella lo veía y no sabía que sentir. Lo amaba, pero sentía repulsión después de todo lo que había leído y su amor propio y su orgullo clamaban venganza.

 Al día siguiente, Jaime salió en su auto hacia la escuela y Reyna fue a la oficina. Solicitó 3 días de permiso por asuntos personales y se los concedieron de inmediato. Terminó su día y regresó a la casa. Él ya había llegado y estaba preparando algo de comer. Ella lo aceptó de buen grado. Tenía mucha hambre. Comieron juntos y vieron la televisión un rato y se fueron a dormir, sin intentar ninguno de los 2 algún acercamiento. Al día siguiente, ambos se bañaron, se arreglaron y se fueron.

 Jaime llegó a la escuela; pero, Reyna fue a un restaurante cercano a desayunar. Después de un rato, se dirigió a la escuela donde trabajaba Jaime; se estacionó de manera que pudiera ver el movimiento sin ser detectada. Casi al mediodía, el auto de su esposo salía de la escuela. Reyna se aseguró que era él quien iba manejando. Se iba a subir a su auto para seguirlo cuando vio que se detenía a una cuadra de la escuela. El Mustang no se movió, estuvo en la esquina cerca de 15 minutos. En ese momento, una muchachita con cara asustadiza salió de la escuela y caminó hacia la avenida; el Mustang hizo sonar el claxon y la chica caminó hacia allá; se subió al auto y este se puso en marcha.

 Ella siguió al Mustang a una distancia prudente para que su esposo no sospechara; además, parecía muy entretenido con la compañía. La jovencita, que parecía no tener más de 16 años, platicaba con su marido, pero volteaba inquieta para todos lados, como tratando de ver si encontraba a alguien conocido o que nadie la reconociera.

 El Mustang iba por avenidas muy concurridas y eso permitía a Reyna pasar desapercibida; además, su esposo lucia más ocupado con la niña que con el tránsito.

 Se dirigieron hacia el sur de la ciudad; ellos vivían en el norte y pocas veces se movían hacia allá; pero, el auto se desplazaba por las calles como si siguiera un camino muy conocido. Después de conducir por cerca de 30 minutos, el carro se enfiló directamente a la entrada de un motel muy al sur de la ciudad. Entraron sin problemas. Reyna estacionó su auto a una distancia que no pudiera ser vista desde el motel, pero ella podía ver la salida sin problema. Compro algo de comer y se dispuso a esperar.

 La espera no fue muy larga; poco más de 2 horas después, el Mustang salía del motel; el peinado de la chica ya no estaba y ahora traía el pelo suelto y se notaba un poco húmedo. Se veía asustada pero feliz; su marido traía una sonrisa de oreja a oreja. Ella siguió al auto de regreso a la escuela y se sentó a esperar afuera. Después de un rato, su teléfono celular comenzó a sonar, era Jaime, su esposo.

 -Hola, Linda. Cómo estás? Donde andas? Tienes mucho trabajo?- preguntó Jaime.

 -Hola. Que sorpresa. Porqué?- contestó.

 -Pues si andas cerca de aquí, quizá nos podamos ver para ir a comer, cómo ves?

 -Si me gustaría; pero, te acuerdas que te comenté de mi compañero que se estaba ausentando por unos días y tenemos que cubrir su ruta.

 -Que lastima. Yo quería pasar un rato contigo y a ver si se nos ocurría algo más…

 -No me digas eso, que me vas a hacer sentir todavía más mal, porque pocas veces el trabajo nos da esta oportunidad.

 -No te preocupes, ya será en otra ocasión; te lo prometo. Nos vemos en la casa. Besos.- dijo Jaime y colgó.

 Reyna sentía que el coraje se le iba a la cabeza. Cómo podía ser tan cínico de invitarla a comer después de haber estado con una jovencita. Se sentía muy traicionada. Mientras pensaba todo eso; vio que el Mustang volvía a salir y se estacionaba en el mismo sitio anterior. Esta vez la chica salió más rápido y se dirigió al auto, como si ya lo hubiera hecho varias veces anteriormente.

 Ella siguió al auto nuevamente; pero está vez a otro lado. El carro sólo recorrió unas calles por cerca de 10 minutos y se estacionó en una casa. La muchacha bajó rápidamente del auto y se apresuró a abrir la cochera para que nadie pudiera ver el coche. Reyna veía toda la operación desde la esquina, mientras el auto quedaba escondido. Ella espero un rato para ver qué sucedía. Esta vez, el auto tardó más en salir y su marido salió solo. La chica solo salió a abrir el portón; se fijó a ambos lados para cerciorarse que no había nadie. Desde la esquina, Reyna pudo ver que la chica se enjuagaba una lágrima y sólo pudo sentir lástima por ella.

 Ya no consideró necesario seguir al Mustang; sabía hacia donde se dirigía y que ya pronto sería hora de ir a casa.

 Se dirigió a su casa y se metió a bañar; quizá la ducha le hiciera pensar que podía hacer. Al salir, escuchó el auto de Jaime llegando. Él entró con una sonrisa y la beso apasionadamente. Ella respondió al beso, él la acarició, se sentía muy feliz. Reyna estaba recelosa, pero no podía hacerlo notar.

 -Y eso? Que estás festejando? Porque la efusividad?- preguntó Reyna.

 -No puedo sentirme contento de estar con mi esposa? Además, no necesito un día especial para sentirme feliz a tu lado.

 -Me asustas con tus explosiones de felicidad.

 -Oye, te apetece que traiga un poco de comida china o prefieres que vayamos a comer allá?

 -Prefiero comer aquí; ya me bañe y no me quiero cambiar.

 -Ok. Entonces voy por la comida.

 Jaime tomó las llaves del auto, su cartera y salió de la casa. Reyna estaba furiosa y más porque no lo podía demostrar. En ese momento, se oyó la alerta del teléfono de Jaime, como cuando lo descubrió. Ella tomó el teléfono y lo desbloqueó.

 Laura- ya no te escribiré; sólo quiero que sepas que muy convencida, no estoy.

 Encontró la conversación entre las ocultas y la abrió. La conversación que había visto la primera vez ya no estaba y esta apenas tenía unos pocos mensajes.

 Jaime- yo mismo te acompañare al médico a hacerlo; ya verás que no tiene gran ciencia.

 Laura- y me vas a mandar a mi sola a hacérmelo?

 Jaime- a tu edad no creo que quieras un bebé y tus papás no se van a sentir muy bien. Mejor hacemos el aborto y todos contentos.

 Laura- y no crees que yo puedo querer al bebé?

 Jaime- si me hubieras hecho caso y tomarte la pastilla, esto no estaría sucediendo.

 Ahí terminaba la conversación. Reyna estaba aún más enojada. Jaime estaba tan contento porque la niña había aceptado el aborto y todos los problemas de acabarían. Reyna borró el último mensaje y se dedicó a esperar a Jaime. El regresó con 2 comidas chinas y una botella de vino. Comieron; él estaba muy conversador acerca de como los adolescentes eran más abiertos a situaciones sexuales que los adultos y que varios podrían dar cátedra de sexualidad a sus padres. Ella lo escuchaba sin decir nada y también pensaba que harían los padres si se enteraran de que su marido estaba quitándole la virginidad a todas esas jovencitas. Al terminar, él se metió a bañar; ella se quedó acostada en la recámara, viendo la televisión. Al salir, él estaba desnudo y se acercó a ella. La comenzó a besar y acariciar; ella se dejó hacer; pero, no podía dejar de pensar en las jovencitas y como su marido todavía quería estar con ella. Las caricias empezaron a hacer efecto y su cuerpo empezó a responder. Se comenzó a imaginar a una de las niñas, asustada, con las piernas abiertas y viendo lo que su marido le iba a meter; imagino el rictus en esa cara juvenil al recibir el primer acto sexual. El ver en su mente la cara llena de lujuria de Jaime al sentir el abrazo de una niña nueva.

 En ese momento, recordó su primera vez; el maremagnum de emociones y sensaciones que se habían suscitado. Recordó que había perdido su virginidad a los 17 años en una fiesta cuando estaba en la preparatoria. Él era un chico guapo y todas querían estar con él. La mayoría de sus amigas y compañeras ya tenían experiencia y le platicaban cosas que tenía curiosidad por sentir. Al estar a solas, en esa habitación con el muchacho, se comenzaron a besar y el empezó a acariciarla en todo el cuerpo. Al sentir que ella temblaba, le quitó el pantalón y la panty y le empezó a dar sexo oral. Ella no aguantó más y tuvo un orgasmo. Con el cuerpo relajado, él la acostó sobre una cama y le abrió las piernas. Él siguió con el sexo oral y ella se acercaba a su siguiente orgasmo. Cuando ella estaba a punto, él se quitó; ella le pidió que siguiera, pero en lugar de la lengua del muchacho, ella sintió algo que trataba de entrar en ella; cuando trató de moverse, la lubricación de ella permitió la entrada de la cabeza del pene de él. En ese momento, ella tuvo otro orgasmo. Al estar relajada y debajo de él, el muchacho no tuvo problema en entrar completamente en ella. Él le acariciaba los pechos y la cabeza mientras la penetraba, y ella disfrutaba el acto. Después de un rato, ella sintió que el entraba al fondo y se quedaba quieto. En ese momento, sintió como él eyaculaba dentro de ella. Se asustó y le preguntó si estaba usando condón. Él le contestó que el creía que ella usaba algún método anticonceptivo. Él terminó de vaciarse y se salió de ella; musitó una disculpa, se puso los pantalones y salió de ahí, dejándola medio desnuda, en un cuarto que no conocía. Se vistió y salió de ahí. Se reunió con sus amigas como si nada.

 En el momento que estaba con Jaime, recordó todas esas sensaciones y tuvo un orgasmo mientras Jaime seguía teniendo sexo con ella. De repente, él terminó y se dirigió al baño. Ella sólo se acomodó y se volteó, aún pensando como debía actuar. Al regresar, él le dio un casto beso en la frente y se volteó a dormir.

 Al día siguiente, ella se sintió indispuesta y le dijo que no iba a trabajar; él le sugirió que hablara al trabajo y se tomara un día libre para recuperarse. Jaime le pidió prestado su auto y le dijo que, si lo necesitaba, podía usar el Mustang. Él se fue silbando una canción, llevándose el carro de ella.

 Reyna desayunó ligero y pensó que podía hacer para vengarse; no sólo era el hecho de haber sido engañada, sino la manera como su marido se aprovechaba de las jovencitas; pero, también le molestaba el hecho de que se excitaba con pensar en su marido violando a las jovencitas. Quería vengarse, pero no quería terminar en la cárcel. Subió al Mustang y fue a comprar algo de comer. En el camino, vio una patrulla y espero poder tener ahí todos los documentos que necesitaba. Al abrir la guantera, salió una caja de condones ; estaba abierta y le faltaban uno o dos. Tomó la caja y la miró. Eran de sabores. Hizo una mueca de asco al imaginar a las chicas, siendo convencidas de dar sexo oral con un condón para evitar el asco. El estar viendo la caja de condones hizo que olvidara los documentos. Estaba tan molesta que no sabía cómo pensar o cómo vengarse; no quería el divorcio, que sólo le permitiría más libertad para seguir haciendo de las suyas. Quería verlo sufriendo y muerto.

 Llegó a una cafetería y pidió un café. Vio que había café de muchos sabores y no imaginó cómo los podían preparar. Vio a un mesero limpiando las mesas y el local no parecía muy lleno. Llamó al mesero y le preguntó.

 -Hola. Una pregunta: cómo preparan los cafés con tantos sabores?

 -Hola. Pues la mayoría de los que tienen sabor a licor, se les agrega el licor; para los otros, usamos esencias y jarabes.

 -Y son aceites naturales?

 -La mayoría lo son; hay algunos que sólo son químicos que dan el sabor que necesitamos.

 El cerebro de Reyna trabajaba a mil por hora, procesando la información.

 -Hay alguna manera de obtener esencias o aceites naturales de algunos de los sabores?

 -Se puede obtener el aceite de cualquiera de los sabores, pero algunos son muy caros.

 -Y se pueden combinar?

 -Si, de acuerdo a cómo los necesite. Se pueden combinar sin problema.

 Ella salió de la cafetería con una sonrisa. Quizá si podría haber una manera de consumar su venganza; necesitaría algo de tiempo, pero se podría llevar a cabo. Llegó a casa y empezó a preparar algo de cenar.

 Los días pasaban y las cosas no parecían componerse; Jaime llegaba tarde y algunas veces con excusas muy ridículas. Reyna le reclamaba, pero más por mantener las apariencias que porque no supiera lo que sucedía. Mientras estaba visitando a los médicos, seguía buscando algo que iba a necesitar.

 Cierta ocasión, llegó temprano de la oficina y empezó a preparar la cena. Tenía mucho tiempo que no cocinaba; pero era algo que había aprendido a hacer y le gustaba. Había pasado al supermercado y había comprado los ingredientes. Puso el radio y escuchaba música mientras cocinaba. Él llegó y la encontró en la cocina, cantando y bailando.

 -Porqué tan contenta?- preguntó Jaime dejando sus cosas.

 -Llegué temprano y me dieron ganas de cocinar.

 -Huele muy bien.

 -Y sabe mejor. Ya lo verás.

 Se sentaron a la mesa y comieron pasta seca con ajo y pan rústico. El vino y la música relajaban el ambiente. Ella le sirvió el plato fuerte y se sirvió también. Empezaron a comer. Inmediatamente después del primer bocado, Jaime comenzó a jadear; su rostro se puso morado y no podía respirar. Reyna llamó al número de emergencia y la ambulancia llegó inmediatamente. Al ver el cuello hinchado y la dificultad para respirar, le aplicaron un fuerte antihistamínico; para poder eliminar cualquier reacción alérgica. Lo llevaron al hospital y lo mantuvieron en observación 2 noches.

 -Si esposo sufrió un severo ataque alérgico. Que fue lo que comió?- preguntó el médico.

 -Nada extraño. Yo estaba comiendo lo mismo y a mi no me pasó nada. Prepare encacahuatado; es una receta de mi abuela y también pasta con ajo. Realmente no se que fue lo que pasó.- contestó Reyna angustiada.

 -Si esposo ya salió de peligro; pero lo retendremos. Le haremos análisis y lo pondremos en observación un par de días para ver cómo evoluciona.- dijo el doctor.

 -Podré ver a mi esposo, doctor?

 -Claro. Ahorita está un poco adormilado por los sedantes, pero podrá estar con él unos minutos.

 Reyna entró a la habitación y vio a su marido con muchos tubos conectados y respirando con dificultad. Él quiso abrir los ojos y no pudo; se sentía cansado. Ella no sabía que sentir: sentía compasión por aquel hombre; pero también, seguía con la rabia de lo que le había hecho a ella y a esas jóvenes. Se acercó a él y le tomó de la mano, sin decir nada. Él creía que lo estaba consolando, pero no imaginaba lo que se movía en su cabeza; en ver la manera de consumar su venganza y salir bien librada. Regresó a casa a pensar como llevaría a cabo lo que pensaba hacer.

 El doctor determinó que Jaime tenía una alergia letal a las nueces y cacahuates. Le dio una lista de los alimentos que se debían evitar a toda costa porque podían ser fatales. Regresaron a la casa y la vida continuó de manera normal. Sin embargo, el comportamiento de Jaime pareció ser el mismo, quizá menos descarado, pero no había signos de mejoría. Ahora llegaba muy tarde o algunos fines de semana se iba con los maestros o los alumnos a alguna excursión o visita a museos. Ella no hacía por pedir ir con él y él no lucía como para pedirle que lo acompañara. Reyna ya no había visto ningún nuevo mensaje en el teléfono de su esposo, ni lo había ido a espiar; pero sabía que tenía que su venganza estaba próxima.

 Paso un año, antes de que el teléfono de su casa sonara un domingo a las 10 de la mañana; Jaime se estaba bañando y ella se estaba levantando.

 -Bueno?- contestó Reyna.

 -Hola. Buenos días. Está el profesor Jaime?- contestó una jovencita que sonaba un poco asustada y apenada.

 -De está bañando en este momento. Le puedo ayudar en algo? Quien le digo que habla?

 -Ahhh!! Bueno; yo le hablo luego a su celular. Gracias.- dijo la jovencita colgando.

 -Quien era?- preguntó Jaime saliendo de la ducha y secándose el cabello.

 -No quiso dar su nombre. Era una jovencita. Que luego te hablaba a tu celular.

 Jaime se puso un poco pálido, pero trató de no hacer evidente su enojo. Discretamente, tomó su celular y lo apagó. Se vistió lo más rápido que pudo y se terminó de arreglar.

 -Oye, se me antoja una barbacoa para desayunar; que te parece? Déjame ir rápidamente a traerla y almorzamos. Sirve que te acabas de arreglar y vemos a donde nos vamos; cómo ves?- dijo Jaime tomando su cartera y su celular, listo para irse.

 

Reyna aceptó y él salió corriendo de la casa. Mientras salía, ya iba marcando un número en su celular. Salió en el Mustang, patinando las llantas. Ella tomó el teléfono y anotó el número que apareció en el identificador de llamadas. Jaime regresó de mejor humor. Desayunaron barbacoa y consomé y salieron al cine; después no se volvió a mencionar el asunto.

 Durante la semana, Reyna llamó al número telefónico que había copiado de su línea fija.

 -Hola?- contestó una jovencita.

 -Hola. Soy la esposa del profesor Jaime. No cuelgues por favor. Quiero hacerte algunas preguntas. Crees que nos podamos ver ahorita?- dijo Reyna con inseguridad.

 -Para que?- contestó la joven.

 -Solo quiero hablar, por favor. Nos podemos ver? Te invito un café; en un lugar cerca de tu casa, que tú conozcas para que tengas más confianza.

 -No. Cerca de mi casa, no. Nos vemos en el restaurante que está cerca de la escuela. Le mando la ubicación.

 Reyna llegó al lugar indicado y espero por un rato. Después de una hora de espera, vio que una jovencita de no más de 17 años, entró al restaurante y se acercó a ella. Pidió un vaso de agua y se sentó con las manos entre las piernas.

 -Gracias por venir. Quería platicar contigo.- comenzó Reyna.

 -Que quiere? Vine porque no quiero que haga un escándalo y mis padres se puedan enterar. Jaime me dijo que podía usted ponerse muy violenta y podría lastimarlo a él o a mí.

 -Eso te dijo?- contestó Reyna sin ninguna emoción.

 -Me dijo que usted había golpeado a su novio anterior porque no le abrió la puerta del coche. No quiero pelear; sólo quiero saber para que quiere hablar conmigo.

 -Ok. Mira, tú sabías que mi marido está con otras muchachas aparte de ti…?

 En ese momento, la muchacha comenzó a llorar desconsoladamente. Reyna pidió un par de cafés para que la calmara. Al empezar a calmarse, la jovencita comenzó a hablar aceleradamente de todo lo que había sucedido; le decía a Reyna que le habían advertido de lo hacia Jaime con varias alumnas; que algunas seguían con él a pesar de tener sus novios, así si salían embarazadas podían culpar al novio; pero que ella creía que con ella iba a ser distinto. Jaime le hablaba bien, cómo nadie le había hablado. Su antiguo novio sólo quería tener sexo con ella y ella no lo había permitido; era muy brusco y solo la tocaba de una manera que se sentía sucia y la primera vez que salió con Jaime, se sintió deseada y querida; de hecho, ella quería que la tocara porque se sentía muy bien. Reyna ya no quería oír más sobre la situación. La joven le dijo que había quedado embarazada porque le dio miedo tomarse las pastillas; pero Jaime la había convencido de hacerse el aborto y que él estaría ahí con ella. Fueron al médico y ella tuvo el aborto; para celebrarlo, la llevo a un hotel para volver a estar juntos. Reyna le dijo que no se preocupara, que no le iba a decir a sus padres; pero que no le dijera a Jaime de la conversación que habían tenido.

 -Se va a divorciar de él?- preguntó esperanzada la joven.

 -Mira, no lo sé. Pero si crees que estando libre, va a estar solo contigo estás pecando de ingenua; ahorita está casado y tiene muchas amantes y aparte está contigo. Que te hace suponer que va a cambiar? No se lo que voy a hacer; lo que te recomendaría… no es una petición o una demanda… es sólo un consejo: aléjate de él, te puede lastimar aún más.- dijo Reyna seriamente.

 La joven ya no dijo nada; sólo se levantó y salió del restaurante. Reyna necesitaba pensar cómo podía llevar a cabo su venganza y salir impune. Tenía que pensar. Pidió otro café y se quedó en el restaurante cavilando.

 La vida en común siguió sin prisa. Ya era casi un año desde que había descubierto a Jaime y él seguía en las andadas creyendo que Reyna ni se imaginaba siquiera lo que estaba pasando. Llegó a ser más descuidado, pero la discreción que lo caracterizaba, persistía.

 En una reunión de trabajo, hubo el festejo del gerente de la oficina. Algunos de los compañeros se juntaron y compraron pastel y refrescos para festejar. El gerente mando comprar pollo asado para toda la oficina. Una de las compañeras se lució y trajo una gigantesca gelatina con el logotipo de la empresa. El logotipo era azul con blanco y cubría toda la gelatina. Reyna tomó un trozo y lo saboreó, era de fresa.

 -Oye, que rica está la gelatina; pero sabe a fresa. Que no todas las gelatinas de fresa son rojas?- preguntó Reyna.

 -No. Cómo crees. Tome un curso de repostería y me enseñaron a usar los colorantes, las esencias y los sabores; y puedes hacer lo que quieras con el sabor y el color que quieras.

 -Wow! Y los colorantes y esas cosas son iguales?

 -No. El colorante sólo da color y los saborizantes dan sabor. A veces los saborizantes ya tienen colorante y son más baratos. La esencia es cómo el aceite de determinada fruta; por lo regular no tiene color, ya con colorante es más barato. La esencia es casi transparente y puede ser usado en casi todo lo de cocina.

 -Y donde los compras?

 -En las materias primas puedes comprar casi de todo; pero hay algunas esencias que son muy caras y solo las consigues en tiendas de repostería.

 -Oye, luego me das la receta de la gelatina? Gracias.

 Un par de días después, Reyna llegó a casa temprano y se puso a ver recetas en internet y encontró varias tiendas especializadas en repostería que vendían casi cualquier esencia o saborizante. Tomó los datos de 2 de ellos y al día siguiente fue a una de ellas. Tenían aceite de cacahuate para la preparación de pasteles, estaba muy concentrado porque el pan absorbía mucho el sabor. Sólo vendían unos pocos mililitros porque no se necesitaba más. También compró esencias: fresa, chocolate y plátano que eran muy fuertes para la repostería. Se dirigió a casa y guardó las esencias en la cocina; el aceite de cacahuate en su joyero, era una pequeña botella con apenas 10 ml. Recordaba la marca de condones que había encontrado en el Mustang. Llevó los condones a su casa y encontró los sabores chocolate, fresa, plátano. Los fue abriendo uno por uno; revisando el olor y el sabor de cada uno. Revisó los sabores que había comprado y vio que el más parecido al aroma y al sabor era el de plátano. Tomó una gota de aceite de cacahuate y lo mezcló con el saborizante de plátano. El sabor cambiaba un poco, pero el aroma se mantenía igual. Se dio cuenta que podía agregar hasta 3 gotas sin alterar el sabor original de plátano. Preparó la esencia con 5 gotas de saborizante de plátano y 3 gotas de aceite de cacahuate, la colocó en una jeringa para insulina y la guardo en una pequeña bolsa en el refrigerador. Estaba preparando la cena cuando Jaime llegó. Se veía que había trabajado mucho y estaba cansado.

 -Hola. Que estás preparando?- preguntó Jaime.

 -Iba a preparar pasta y ensalada; que te parece? Se te antoja?- contestó Reyna.

 -Me gustarían más unos tacos, como ves? Vamos por ellos?- dijo Jaime.

 -Ya me estoy preparando para dormir y tuve un día muy pesado. Quieres ir por ellos y los comemos aquí? Oye, y te puedo pedir un favor? Te puedes llevar mi auto? Cuando venía para acá, se empezó a oír un ruido medio extraño del lado derecho delantero; lo puedes revisar a ver si lo oyes?- pidió Reyna.

 -Claro.

 Tomó las llaves del auto de ella y salió para comprar los tacos. Ella dejó pasar 5 minutos, antes de salir al Mustang; entró al auto y abrió la guantera. Ahí estaba un paquete de condones de sabores. La caja tenía uno de plátano, 2 de fresa y uno de chocolate. Tomó toda la caja y cuidadosamente la llevó a la cocina. Saco los sobres con los condones y los puso sobre la barra de la cocina; tomó la jeringa de insulina del refrigerador e hizo 4 pequeñas incisiones en las esquinas del condón de plátano. El empaque se infló un poco con la substancia; Reyna tomó un poco de esmalte para uñas transparente y selló los pequeños agujeros; espero un poco a que terminara de secar el esmalte y cuidadosamente limpio los empaques de los condones; con unos guantes, los acomodó dentro de la caja, limpió la caja y la regresó a la guantera del Mustang. Se estaba quitando los guantes cuando escuchó que llegaba Jaime en su auto. Entró Jaime a la cocina con un par de bolsas que contenían los tacos y los puso sobre la barra.

 -Estuve probando y escuchando el carro y no se oye nada.

 -Quizá era algo en la calle o alguna otra cosa; si vuelve a pasar, te lo haré saber para llevarlo al taller.

 Se dispusieron a cenar mientras veían la televisión. A él se le veía relajado, sin ningún problema; Reyna solo lo miraba y pensaba.

 Esa noche, él le hizo el amor y ella sólo se dejó hacer; no sabía cuánto tiempo sería hasta que se consumara la venganza.

 Los días siguieron pasando y la vida seguía normal.

 Un día, ella llegó a la casa y se dispuso a ver la televisión mientras preparaba la cena. Su teléfono celular empezó a timbrar con un número desconocido. Cuando contestó, escuchó una voz masculina.

 -Sra. Reyna, es usted la esposa del profesor Jaime?- preguntó ásperamente la voz.

 -Si, dígame cómo le puedo servir?

 -Si pudiera venir a la demarcación; necesitamos que esté usted aquí por un asunto relacionado con su esposo. Le envío la ubicación; la esperamos lo más pronto posible.

 Reyna estaba desconcertada. En ese momento, llegó un mensaje con la dirección a donde se tenía que dirigir. Tomó sus llaves y salió inmediatamente de la casa. Iba pensando que habría sucedido y a que se enfrentaría. La dirección era el hospital de la Cruz Roja. Su marido estaba en una cama con un policía a su lado. Había un grupo de 4 personas: una jovencita de escasos 17 años con los que parecían sus padres y alguien que lucía como un abogado; un oficial de traje, acompañado de un uniformado, se acercaron a ella.

 -Sra. Reyna? Sígame, por favor.- dijo el oficial mientras la guiaba a una oficina. Le indicó que se sentara y el oficial uniformado permaneció de pie.

 -Señora, tenemos una situación muy delicada aquí. Su esposo fue encontrado por la ambulancia en el cuarto de un motel, con un ataque anafiláctico, provocado por una alergia, en un estado sumamente crítico. Él se encontraba desnudo con una menor de edad; al parecer, teniendo relaciones sexuales. Los paramédicos lo hallaron inconsciente y lo trajeron aquí. Está en estado de coma. Nadie sabe que fue lo que provocó el choque. Necesitamos que usted esté en la declaración de la joven. Su esposo está en calidad de detenido. La joven se retira con sus padres pero no se podrá ir a ningún lado hasta que de su declaración; no está detenida, ni cómo sospechosa; sólo en calidad de testigo.

 -Y yo que tengo que hacer?- preguntó Reyna.

 -Solo la queremos a usted cómo el familiar más cercano y para ver que el procedimiento médico se lleve a cabo; pero, mientras su esposo esté en coma, tendrá que estar aquí detenido.

 Reyna estaba en shock, no sabía que responder; su mente estaba completamente en blanco. No pensaba más que en su marido en coma.

 -Mi marido necesita un abogado?- preguntó.

 -Si despierta, es muy probable que lo necesite.

 Reyna llamó a un amigo para que la asesorara. El abogado tardó más de una hora en llegar.

 -Déjame leer el parte de los paramédicos y yo te aviso.- dijo el abogado y se metió.

 Reyna lo vio platicando con el otro abogado, lejos de la familia. Se tardó un rato en regresar, venía con el semblante preocupado y se dirigió a Reyna.

 -Parece que la familia de la menor, quiere levantar una demanda por estupro y violación en contra de tu marido. Dicen que tienen testigos de la conducta de tu esposo y que van a pelear. En un rato, la chica va a rendir su declaración y solicité que tenemos que estar ahí; mientras, ve a comer algo.- le dijo su amigo.

 Reyna salió y comió sin ganas en uno de los puestos afuera del hospital. Estaba asombrada de cómo los puestos podían tener gente a pesar de ser de madrugada. Se tardó todo lo posible antes de regresar. Cuando regresó, se sentó en la sala de espera a ver un viejo televisor con infomerciales.

 Un largo rato después el abogado la llamó. La muchacha iba a declarar, al igual que el médico legista y el paramédico. Estaban todos reunidos en una pequeña oficina. El ministerio público con una mecanógrafa; la joven, su familia y el abogado; 2 oficiales; el paramédico y el médico legista.

 El paramédico inició. Dijo su nombre y su grado. Declaró que llegó al hotel alrededor de las 6 de la tarde, siguiendo una llamada de emergencia. Cuando llegó, encontró al hombre desnudo en el suelo, con tan sólo un condón puesto; la joven sólo tenía puesta una playera y lloraba asustada. Se le habían dado los primeros auxilios al hombre y se le había inyectado un anti alérgico dados los signos que presentaba por intoxicación. El hombre no estaba consiente. La joven parecía más asustada de lo que le pasaba al hombre que de la situación en la que se encontraba. La manera en cómo estaba la habitación indicaba que la situación era consensuada. Había 2 latas de refresco y la televisión estaba prendida. Sacamos al hombre inconsciente y se le estabilizó en la ambulancia. Lamentablemente, entró en coma cuando se le ingresó. La joven acompañó al hombre en todo momento.

 Cuando el paramédico terminó su declaración, el abogado de la joven no parecía muy contento. Todo indicaba que había sido consensuado y no había tal violación.

 El médico legista empezó con su declaración y dijo que recibió un paciente de sexo masculino, de más de 40 años, con cuadro agudo de choque anafilactico. Los paramédicos le habían estabilizado pero el paciente no respondía a estímulos físicos. Se le entubó y se mantuvo conectado a varias máquinas para mantenerlo con vida. El paciente se encuentra en coma en este momento por 12 horas. Al examinar a la joven, no se encontraron signos de violencia, golpes o maltrato. No se ven signos de alergia en la joven, por lo que se descartó una situación común. Se revisó genitalmente y no se encontraron signos de violencia; se hallaron rastros de lubricante propio de un condón, lo que hace suponer una relación consensuada. La joven tenía más el trauma de lo que le sucedió al hombre, que de lo que sucedía íntimamente.

 Al terminar, el médico legista salió y tocó el turno de la chica para declarar; entre el padre y el abogado hablaban entre sí, pero no decían nada a la chica.

 -Yo salía de la escuela y Jaime ya me estaba esperando en su coche, en la esquina. Llegué con él y nos dimos un beso como de costumbre. Empezamos a platicar de cómo nos había ido y de cómo iba en la escuela. Llegamos al motel y metió el carro al cuarto que nos asignaron. Salió a pagar y regresó por mi. Me ayudo a salir del carro y le dije que tuviéramos cuidado porque yo estaba en mis días más fértiles. Él me contestó que me compraría una pastilla y yo le dije que no me gustaba tomar tantas cada vez que íbamos ahí; a veces eran 2 o 3 veces por mes y yo sentía que eran demasiadas pastillas. Él entró de mala gana al auto y sacó un paquete de condones que siempre traía. Eran de sabores. Me los dio y subimos a la habitación. Ahí en la habitación, me desnudó y yo lo desnudé. Yo tomé los condones y escogí uno de sabor plátano. Lo destapé y me dijo que ya que tenía que usar el condón, le hiciera un trabajo oral, para aprovechar el condón. Le puse el condón y le empecé a dar sexo oral. Tan sólo unos minutos después, él me levantó y me dio un apasionado beso en la boca. Después me acostó boca arriba en la cama y empezó a penetrarme. Yo sentía raro porque lo sentía muy grande. Lo voltee a ver y sus labios estaban hinchados y de color morado. No había ni siquiera empezado y estaba sudando. Se rodó a un lado de la cama y parecía no poder respirar. El condón parecía no quedarle de lo hinchado que estaba. Su cuello se empezó a inflamar. Me dio mucho miedo. Me puse mi playera y llame al 911. Sentí que se tardaban una eternidad. Oí escándalo de que el dueño del hotel no quería dejar pasar la ambulancia. Cuando estaban los paramédicos con Jaime, se oían autos saliendo del hotel. El carro de Jaime se quedó en el hotel. Cuando dijeron que se lo iban a llevar, yo pedí venir en la ambulancia con él. Ya aquí en el hospital, llame a mi papá.- rindió declaración la joven.

 El abogado del papá dijo que quería presentar una demanda por estupro en contra de Jaime y que llevaría los procedimientos. El ministerio público le pidió a Reyna que diera su declaración. Ella dijo no saber nada de lo que estaban hablando. Ella dijo que sospechaba que su marido tenía algún amorío y ella planeaba el divorcio; pero nunca pudo probarle nada. Tenían los problemas propios de una pareja, pero eran llevaderos. Habían buscado un hijo, pero ella no podía tenerlos y ambos se habían resignado. Nunca pensó que algo así estuviera sucediendo. Dijo que se había entrevistado con una muchacha que le había hablado por teléfono a su marido; pero lo único que hizo fue sentir pena por la muchacha; llegó a pensar en pedirle que fuera su testigo en caso de buscar el divorcio, pero no se había decidido. Hoy esperaba a su esposo cuando recibió la llamada de esa oficina. Reyna lucía enojada, triste, frustrada; como si se enterara de la infidelidad por primera vez.

 El ministerio público conminó a mantener a Jaime bajo arresto hasta que fuera apto para ser juzgado.

 Reyna habló con el médico y él dijo que tenían que esperar un poco antes de trasladarlo a una clínica del IMSS que era lo que le correspondía.

 Pasaron un par de días y Jaime estaba estable para ser trasladado. Cuando llegó al IMSS, se le hicieron estudios y se descubrió que no había respuesta cerebral; estaba en estado vegetativo. La falta de oxígeno durante el choque anafilactico había provocado muerte cerebral y ahora, los signos vitales estaban solo vía máquinas y mangueras.

 El ministerio público fue al hospital a dar fe de la condición del acusado, al igual que el abogado de la joven a quien no se le presentaron cargos de ninguna índole y desistió de la demanda.

 Después de 6 meses en coma; el hospital pidió autorización a Reyna para desconectar a Jaime. Cuando lo desconectaron, Reyna estaba ahí y espero unos cuantos minutos a que el médico lo declarara fallecido. Extendieron el certificado de defunción y Reyna lo cremó inmediatamente. Le dieron las cenizas de su marido y no sabía que hacer con ellas; sentía rencor, pero también culpa y alivio de que todo hubiera terminado. Deposito las cenizas dentro de un mausoleo que tenía la familia de él; sin ceremonia, ni despedida; como quien se deshace de algo que ya no sirve. Le avisó a sus familiares lo que había pasado, pero todos eran familia lejana, así que no importó mucho.

 Logró recuperar el Mustang del ministerio público y lo llevó a su casa. Lo limpió y decidió usarlo de vez en cuando. No estaba acostumbrada a los deportivos pero no le sentaba mal.

 Pasaron unos meses y hubo una reunión en la oficina; ella decidió llevar una gelatina de postre. Cuando llegó a la oficina, todos se sorprendieron al verla llegar en un hermoso Mustang negro clásico y una gelatina bastante extraña; toda era blanca y transparente. Parecía una gelatina mosaico; pero todo era muy distinto, sin color.

 Con cuidado, la sacó la gelatina del Mustang y la llevó al comedor. Ahí estaban sus compañeros de trabajo.

 -Wow!! Esta gelatina está súper loca. Cómo se te ocurrió? No tiene nada de color. Órale.- dijo una de ellas.

 -Sabe a fresa, chocolate, plátano y hasta cacahuate; pero porqué así? Se ve muy loco.

 -Empece a ver unos tutoriales de repostería y todo se hace con muchos colores, para niños. A mi se me ocurrió: porqué no una muy plana, para adultos.- contestó Reyna.

 -Pero está muy suave; muy minimalista.

 -Si. Además, la hice con lo que tenía en la casa. Me sobraban estos sabores y los usé… no hay que desperdiciar nada…

 

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