El paramédico
Es algo a lo que me he acostumbrado. El trabajo de paramédico es extenuante y lleva a muchos a la locura y la desazón. Comencé cuando tenía 24 años al terminar mi carrera; me matriculé en la cruz roja en los cursos especializados, con la firme esperanza de obtener una de las limitadas plazas que se otorgan cada año; las plazas se abren por retiro, renuncia y ascenso. Al empezar el trabajo, era yo camillero auxiliar y apoyaba a quien era el camillero en jefe y dirigía la operación en una situación de rescate. Cada vez que había una emergencia, tuve la suerte de atender casos relativamente fáciles y que no implicaban mucha experiencia. El compañero que tuve al principio, compartía su experiencia de manera manera natural; aprendí mucho de él. Todo cambio cuando, al año de estar en servicio, me mandaron al turno nocturno; entonces, todo fue muy extraño. Nos mandaron a un accidente de motocicleta que involucraba a un herido grave. Era noch...