La aplicación
Me siento estúpido por la forma en que me metí en este lío; la pistola sigue humeando mientras lo miro a los ojos, la vida se le escapa; es como ver una vela, consumiendo lo último que queda de parafina. No lo conocía, sólo lo tenía que matar. Entré a la aplicación y en mensajes directos escribí que el encargo estaba cumplido; me contestaron con un emoji de sonrisa, el saldo bajó una tercera parte; pude notar que en mi celular se había detectado mi ubicación en tiempo real; sabían donde estaba. Comencé a salir de aquella oficina en el Centro Histórico de la CDMX; volteé a ver el encargo, el tipo tirado en el suelo en una posición antinatural, rastros de masa encefálica estaban desperdigados en los muebles y pared; mientras, un charco de sangre se formaba debajo del cuerpo. Era la primera vez que hacía algo así, pero no podía darme el lujo de ir a la cárcel; haría lo que fuera para evitarlo. Salí del edificio, el ruido del desfile militar acallaba cualqui...