Me hago; pero, no soy...
-Necesito los CV's en mi correo antes de que
te vayas hoy, por favor. El cliente quiere iniciar entrevistas finales el miércoles
siguiente.
El puesto sonaba muy importante pero en realidad
era solo el recibir CV's, organizarlos, seleccionar a los candidatos, hacer entrevistas
previas, enviar candidatos con un pequeño perfil psicológico al cliente para que
ellos pudieran tener la respuesta final. Nunca pensó que su carrera
de psicología terminaría en seleccionar y analizar posibles empleados; ella tenia
la idea de poner un pequeño despacho independiente y dar consulta a niños con problemas
de conducta. Le gustaban los niños y quería hacer algo para ayudarlos.
De hecho, al terminar su carrera, puso el consultorio
en casa de su madre e inicio las terapias infantiles. Aun recordaba que había comprado
algunos juguetes y libros de cuentos para entretener a los infantes mientras les
tocaba su turno de consulta. Inicio la consulta y los niños llegaban a cuentagotas.
A veces sólo tenia una consulta por semana. Se anunció en las escuelas
y en la unidad habitacional donde vivía y algunos llegaron; la mayoría sin recursos
para pagar largas terapias. Los casos eran prácticamente lo mismo, hijos de madres
trabajadoras, que por su trabajo o por querer buscar una vida después de separarse
del padre del niño o por no saber a ciencia cierta quien era el padre de los niños,
eran criados por abuelas o tías y tenían problemas de conducta o integración. Al
principio, ayudaba a los niños y madres, pero el dinero no llegaba. Al final, a
veces daba terapia gratis por apoyar a alguna familia. Las cuentas no perdonaban
y tuvo que buscar empleo en alguna empresa para poder salir adelante.
Ya tenía 5 años en la compañía y a sus 28 años
el ascenso había sido lento. Empezó casi como recepcionista de la empresa, ya que
todo lo que hacia era recibir a los candidatos, darles un formato y ponerlos en
una sala de espera antes de la entrevista. Poco a poco, fue adentrándose en el mundo
de los recursos humanos y con un poco de ayuda de su jefa directa, implementaron
un programa de análisis psicológico del candidato que era enviado junto con el perfil
del empleado para la selección final por parte del cliente. Ese sistema les había
proporcionado mucho éxito, ya que tenia una confiabilidad del 90%.
El café humeaba lentamente
y Alicia lo saboreaba mientras esperaba el resultado de la búsqueda en la computadora.
Tenia una memoria externa de un terabite de capacidad donde almacenaba todos los
CV's que recibía, estaban ordenados por diferentes categorías: experiencia, estudios,
edad, etc. y ademas había diseñado un programa que literalmente leía los CV's en
PDF o word y buscaba la información en especifico que un cliente necesitaba para un perfil. El programa
era una bandeja de entrada y un buscador hasta arriba, tan solo ponía lo que necesitaba
en la parte superior y el programa depositaba todos los CV's en la bandeja, descartando
repetidos; luego filtraba por algún otro dato del perfil. El programa descartaba
e iba dejando los que llenaban las características. Al final, siempre tenia unos
cuantos que revisaba personalmente y elegía para entrevista y análisis psicológico.
El sistema encantaba a su jefe y siempre lograba muy buenos puntos con el cliente.
El ya solo se dedicaba a las relaciones publicas y a cobrar las exorbitantes facturas
que cobraba a las empresas por los servicios. Ella había exigido los derechos totales
de su método; varios caza talentos le habían ofrecido jugosos sueldos en otras empresas,
pero su jefe siempre le aumentaba el sueldo y las prestaciones para mantenerla en
la empresa. A sus 28 años, podía considerarse exitosa, con un sueldo envidiable
y prestaciones extra.
Pero la gente en la oficina, la consideraba
extremadamente metódica y pragmática; cada uno de sus días estaba dividido de manera
meticulosa y detestaba salirse de su rutina. Su oficina estaba tan impecable que
la señora de la limpieza tenia miedo de entrar y ensuciarla. Su secretaria llevaba
una agenda muy estricta y cualquier situación fuera de programa, no era aceptada.
Entraba a las 9 de la mañana y salia a las 5 de la tarde, puntualmente, sin atrasos,
ni horas extra. La hora de la comida estaba programada para ser puntual; tomaba
siempre el mismo almuerzo y se tomaba la misma cantidad de tiempo, no se permitía salir de la
rutina.
En su departamento era una situación similar. El
departamento estaba prístino de pulcritud; siempre lo dejaba limpio antes de salir
a trabajar; cuando regresaba, cenaba y dejaba limpio antes de irse a dormir. El
lavado de ropa y las compras se hacían en la noche. Dejaba la ropa en la lavadora
antes de acostarse y en la mañana, la sacaba de la secadora, lista para planchar
o guardar. Nada en su casa estaba fuera de lugar, sus amistades preferían salir
con ella a un restaurante que atreverse a ensuciar su inmaculado recinto.
No tenia muchos amigos y solo salia los viernes
o los sabados por un trago o a bailar. En una de esas salidas conoció a Juan, un
gerente de personal de una agencia gubernamental que se especializaba en la comercialización de bienes recuperados.
Alto, fornido sin estar inflado, bien vestido, 38 años y saliendo de una relación tortuosa con
una mujer celosa. Gustaba de la buena comida, con platica fácil y sentido del humor.
Salieron por un mes bajo las estrictas reglas de horario de Alicia y se hicieron
novios.
La relación iba sobre ruedas porque el no discutía
su forma de ser y no le gustaba ir a su departamento, ni llevarla al de él. Cuando empezaron
a tener relaciones, la llevó a un hotel y le explico que prefería mantener
la privacidad de ambos en aras de una relación más sana. Ella lo aceptó por comodidad, no quería que su intimidad y privacidad en su departamento
se vieran comprometidas; lo único que no soportaba era la manera como procuraba
su auto, era un Ford Mustang 1997, cobra jet, edición especial, negro y dorado,
al que mantenía en condiciones optimas; en su tiempo libre, lo lavaba y lo arreglaba
como quien arregla a un hijo y se refería al auto como "Indira"; lo llevaba
como quien pasea una mascota y pocas veces lo dejaba en manos de algún valet para
estacionarlo. Para Alicia, un auto era solo un accesorio para desplazarse cómodamente.
Ella tenia un Honda Civic y solo lo consideraba como un medio de transporte, pero
el no podía dejar de lado su auto, eso la molestaba mucho.
Mientras esperaba que el programa terminara
de trabajar, recibió un mensaje en su teléfono. Era Juan que preguntaba si pasaba
por ella para ir a cenar. Era jueves y la sacaba completamente de su horario establecido.
Estaba a punto de contestar el mensaje, cuando apareció en la pantalla del ordenador
el mensaje de "terminado". La primera búsqueda había arrojado 150 resultados
sobre 7826 opciones. Dejo de lado su teléfono y tecleo, en la búsqueda sobre resultados,
el siguiente filtro. La pantalla parpadeo y comenzó la búsqueda.
Alicia levanto la cabeza y vio a 2 de sus compañeras
de trabajo cuchicheando y volteando hacia donde se encontraba ella. Su oficina tenia
un gran ventanal que le permitía la vista a todos los cubículos. Al verse atrapadas
en el cuchicheo, las 2 mujeres sonrieron y le hicieron un saludo con la mano. Ella
devolvió el saludo y la sonrisa.
-Malditas brujas. Como si no supiera lo que
dicen y se burlan de mi. - se dijo a si misma mientras regresaba su vista al ordenador.
Había escuchado los comentarios y las burlas
que se hacían a sus espaldas con respecto a su personalidad; decían que dormía de
pie en un closet para no arrugar su pijama o que le pasaba un manual a su novio
con instrucciones precisas y tiempos de reacción para cuando tenían relaciones sexuales,
y soltaban la carcajada le hacia inspecciones de control de calidad por desempeño.
Le enfurecía que no apreciaran la organización de la manera que la veía ella, una
manera de avanzar en el trabajo y en una relación.
El ordenador terminó la búsqueda
y quedaron 8 candidatos. La siguiente parte de la selección, la haría en
persona debido al perfil que la empresa requería; se había solicitado hombre de
preferencia y ademas, si era mujer debía ser soltera y si era hombre debía ser casado;
ella había visto esos parámetros como una constante en la mayoría de las empresas
como un seguro para tener un mejor personal.
Estaba leyendo y revisando los CV's, cuando
un nuevo mensaje llegó a su teléfono.
- Ya no contestaste. Voy por ti o nos vemos
otro día? me están invitando los muchachos a un trago y solo espero tu contestación para confirmar
o declinar. - decía el mensaje de manera imperiosa.
- Tengo que terminar una selección, enviar los
prospectos al cliente, enviar los correos de invitación para las entrevistas y solicitar entrevistas
por teléfono a los candidatos sin correo y apenas estoy empezando. Si quieres ir,
ve y luego nos hablamos para vernos; pero, un trago en jueves? como quieras. - contestó secamente y volvío a la pantalla.
El mensaje no tardo en ser contestado y brillo
en la pantalla del teléfono casi en cuanto ella había terminado de escribir; como
si él estuviera escribiendo al mismo tiempo que ella.
- Ok, nos ponemos de acuerdo y te llamo después.
No trabajes mucho. Bye. - el mensaje sonaba escueto y apresurado.
Alicia no le dio importancia y continuo con
el trabajo; estaba cansada y lo único que no quería era una confrontación con su novio
por una salida con los amigos. Termino con la selección y quedaron los 8 candidatos para entrevista
y asignación de cita con el cliente. La empresa había solicitado 5 candidatos para
escoger pero ella siempre enviaba de más junto con la evaluación y entrevista psicológica para que el cliente no se sintiera encerrado
en solo unas cuantas opciones.
Estaba indecisa en iniciar las entrevistas al
día siguiente o hasta el siguiente lunes, ya que su jefe querría revisar los perfiles
y los CV's para dar el visto bueno; aunque sabia por experiencia que su jefe no
se molestaría en revisar los CV's; el dia siguiente era viernes y solía irse temprano
para pasar el fin de semana con su nueva conquista, una modelo esquelética que había
encontrado en una fiesta que había dado uno de los clientes hacia un par de meses
y que gastaba dinero a manos llenas. Cantas veces haba visto que la chica llegaba,
escoltada por el chófer, solicitando un cheque para unas nimiedades que había comprado;
llegaba contoneando el cuerpo y haciendo las delicias del personal masculino, con
ropa extremadamente ajustada, escotada, corta, transparente; sonriendo y guiñando
el ojo a algún buen mozo que de cruzaba en su camino. Su jefe parecía no darse cuenta
o hacerse el occiso con tan descarado coqueteo por parte de la mujer; pero, al fin
y al cabo, él era quien se acostaba con ella y los demás solo podían babear por el
trofeo.
Las entrevistas duraban aproximadamente entre
30 y 45 minutos y se necesitaba un mínimo de una hora para la evaluación que se le enviaría
al cliente, junto con el video de la entrevistas, detallando cada una de las reacciones
durante las preguntad criticas y las de control; le pidió también que reservara una
sala de juntas para ambos días y solicitara el equipo de grabación, instalado para
el día siguiente.
Alicia vio que era casi hora de salir, quedaban
45 minutos y tenia que esperar a los resultados de las citas. Ella tomo su taza
y bebió un sorbo de su café, estaba frío; decidió ir por otra taza a la cocineta de la oficina.
En cuanto su secretaria la vio salir, se ofreció a traerle el café y ella declino pidiendole que terminara con las llamadas y le pasara
el informe de como quedaban y un reporte de con quien y a que hora serian las citas,
aíi como la confirmación de la sala de juntas ya lista.
Ella llego a la cocineta y vio a uno de los
mozos limpiando y poniendo café nuevo en la cafetera. El aroma del café recién hecho siempre le había gustado. Ella tenia una cafetera que se
podía programar para que, en cuanto ella llegara a la cocina de su apartamento, la
recibiera el aroma del café. Saludo al mozo y él respondió amablemente y le ofreció unas cuantas galletas que se compraban para los empleados, ella declino el ofrecimiento
y continuaron hablando del clima y de la familia del mozo. Después de 5 minutos,
se despidió amablemente de él y regreso a su oficina.
Caminaba hacia allá, cuando escucho unos sollozos
en uno de los cubículos del despacho. Se acerco y vio a una de las empleadas que
lloras y se limpiaba la nariz. El llanto era pronunciado pero trataba de hacerlo
discreto. Alicia la reconoció, era Rosa una de las reclutadoras, se dedicaba a recibir
CV's y a la primera aproximación de los candidatos. Ella platicaba con ellos y veía
el potencial en las personas que venían personalmente a solicitar un empleo. Después
escaneaba el CV y anexaba un breve comentario sobre la entrevista y se lo enviaba
a Alicia para su archivo y posible selección
- Que te pasa, Rosita? porque lloras? te puedo
ayudar en algo? - pregunto Alicia con sincero interés.
- Alicia, porque los hombres son tan basura?
- sollozaba la empleada.
- Tranquila, Rosa. No puede ser tan malo el
problema. Cuéntame que te sucede.- dijo Alicia consolándola.
- Mi novio Miguel, con el que ya llevo varios
años y ya tenemos 2 hijos, lo acaban de ver con una mujer en Acapúlco. - contesto
Rosa tratando de controlar el llanto.
- Tanto que decía que me amaba y ahorita se
esta revolcando con otra. - lloraba a pierna suelta.
Alicia no sabia como responder. Vio a Rosa,
una mujer con sobrepeso, que no se podía arreglar mejor debido a que tenia 2 hijos
que atender. Su ropa era modesta, pero limpia; sin embargo, no atraía físicamente.
Alicia le sugirió que lo tomara con calma y pensara que iba a hacer, tanto por el
bienestar de sus hijos como el suyo propio. Que no debía desmoronarse y que necesitaba
pensar.
- Si pudiera, mataba al desgraciado. Vivía conmigo,
yo lo atendía, atendía a sus hijos y me paga con una traición.- hablaba Rosa
con rabia y rencor.
Alicia entendía su dolor. Volteo a ver su teléfono
y había una fotografía de un hombre que estaba muy acaramelado con una mujer joven,
atractiva, en un restaurante. La foto había sido tomada de lejos, pero se apreciaban
los rostros nítidamente. Le dijo a Rosa que se podía ir a casa y empezar a pensar
que haría. La mujer agradeció y empezó a juntar sus cosas para irse.
Alicia se dirigió a su oficina con su café en la mano y pensando en todas las penurias que aquella mujer tendría
que pasar ahora; abogados, pleitos legales, distanciamiento de los hijos. Ella tenia
mejores cosas que pensar que en pelear con un hombre en cuestiones de pareja
Conforme se acercaba a su oficina pensaba en
todas las situaciones que se vivían en pareja y lo que algunas mujeres tenían que
enfrentar. Vio a uno de los empleados, coqueteando con una de los candidatos y ella
se dejaba querer; y ella sabia que era casado. Recordó a su jefe con su esposa y
sus 3 hijos, ya adolescentes, saliendo con una muchachita que bien podía ser su
hija menor. La situación de Rosa, la empleada. Vio a una parejita de empleados, él casado, ella
madre soltera, pasando por la salida de emergencia, tratando de no ser vistos, buscando
un lugar para estar solos. Pensaba hasta donde llegaba el cinismo y la desfachatez
de algunos hombres y hasta donde podría llegar una mujer en un arranque de celos.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por su
secretaria que le llevaba el reporte de entrevistas para el día siguiente, 3 pata
el viernes y 5 para el lunes, con los resultados listos pata ser enviados el martes,
teniendo como fecha limite el jueves.
Alicia escuchaba el reporte con la mirada perdida
en algún punto de la oficina. Su secretaria le pregunto si le pasaba algo.
- No. Nada, Laura. Oye, de verdad los hombre
son tan infieles? - pregunto a rajatabla Alicia.
- Mmm. Dímelo a mi.. Todos mis novios han terminado
casados con otras mujeres. Con decirte que uno de ellos termino casándose con mi
hermana; no sabes la incomodidad al estar compartiendo la mesa, en alguna reunión
familiar, ver al tipo que duerme con tu hermana y saber que tu dormiste con él. Por eso he
espaciado lo más posible este tipo de reuniones. - termino suspirando Laura a manera
de resignación.
Dándole las gracias por el reporte, Alicia entro
a la oficina y comenzó a revisar los correos invitación enviados a los prospectos y a enviar
el correo con los candidatos a su jefe. Mientras su computadora abría el correo
de la empresa, Alicia tomo su teléfono y le envió un mensaje a Juan. Solo le deseaba
que se estuviera divirtiendo y que lo amaba. Dejo el teléfono de lado y terminó lo que tenia pendiente.
Al terminar la jornada, Laura se despidió con
la mano a través de la ventana. Alicia tomo su taza para llevarla a la cocineta
para lavado, ahí encontró a María, la señora del
aseo. Ella le sonrió y le pidió dejar su taza, ella la lavaría.
- Oiga, María. Yo se que usted es viuda, pero
estuvo casada por muchos años. Perdón por la pregunta, su marido le fue siempre
fiel? - la pregunta salio sin pensar, directa.
-Señorita, el secreto del matrimonio esta en
la paciencia, la tolerancia y el hacerse un poco pendeja a veces. - contesto María
con una sonrisa.
-Como? usted llego a saber de alguna aventura
de su esposo? - inquirió Alicia alarmada.
-Las mujeres sabemos esas cosas. Los hombres
creen que nos hacen pendejas, pero nosotros lo sabemos. Al final, ellos entienden
que nadie más que su esposa los va a cuidar cuando estén viejos y enfermos. Ya cuando
se fue, yo descanse. Siempre tuve miedo que alguna vez me fuera a pegar alguna enfermedad.
Los hombres no se fijan en esas cosas.- comentaba de manera natural.
Alicia salio de la cocineta con una sonrisa
resignada y fue por su bolso y su abrigo a su oficina. Su mente divagaba, pensando
tantas cosas que pasaban a su alrededor sin que se diera cuenta. Tomo las llaves
de su auto y se dirigió al estacionamiento. Camino al carro, recordó que su novio
no iría a verla y decidió comprar un poco de comida china para llevar y comer en
casa.
El restaurante chino era una combinación de
oriental y occidental, con las paredes tapizadas de adornos asiáticos que contrastaban
con las enormes pantallas de televisión y una rocola que emitía canciones de moda
y sonaba a todo volumen. Al ordenar en la caja por la comida para llevar, encontró el móvil y reviso la pantalla por si el mensaje de contestación había llegado. Al
no encontrar nada, revisó que la cobertura estuviera bien y que el teléfono pudiera
recibir los mensajes. Tomo su pedido y se dirigió a su auto para ir a casa. Iba
escuchando el radio, en aquella estación que le gustaba. La música sonaba bien,
pero por alguna razón, ella sentía que solo escuchaba canciones que hablaban de
mujeres engañadas o infidelidades masculinas. Trato de no poner atención y concentrarse
en el trabajo que tenia pendiente al llegar a casa.
Estaciono el auto en su lugar asignado, tomo
la bolsa con la vianda y se dirigió al ascensor que la llevaría a su departamento.
El apartamento era pequeño pero cómodo y relucía por la limpieza que ella le prodigaba
diariamente. Tomo un trapo y sacudió el poco polvo de los muebles; puso la comida
en el horno y lo programo para calentarla., mientras daba una barrida rápida al
lugar. A pesar que su departamento albeaba de limpio, Alicia siempre tenia miedo
de que se acumulara el trabajo y tener que hacerlo de un golpe el fin de semana.
Saco la ropa de la secadora y la separo para ser planchada y ropa para doblar. Al
terminar escucho el timbre del horno que indicaba que la comida estaba lista. Preparo
la ropa de planchar en una bolsa y la de doblar en un cesto.
Llevo la comida en una charola y se acomodo
en la sala a ver la televisión mientras cenaba. Eran casi las 10 de la noche, había
una película en cable acerca de una esposa que descubría la infidelidad de su marido.
Tomo su celular y noto que los mensajes que había mandado, no habían sido respondidos.
Envió uno más preguntando si estaba bien y que le hablara o le enviara un mensaje,
que estaría esperando para cerciorarse que no había problemas.
Termino de cenar, limpio todo y termino de ver
la película que solo le hizo tener más dudas. Revisaba el celular para estar segura que no había llegado ningún
mensaje sin que ella se percatara. Se fue a acostar, dejando el teléfono junto a
ella, encendió el televisor de su recamara para arrullarse, pero se la había ido
el sueño. Veía la televisión sin atención, muchas cosas fluian en su cabeza.
A la mañana siguiente, llego a la oficina y
su jefe la llamo a su despacho sin darle oportunidad de dejar sus cosas en su oficina.
El jefe le recriminó el agendar entrevistas sin su aprobación. Ella argumento
que eran candidatos seguros y que no había visto ningún problema. Él la regaño y
le pidió que ni hiciera nada sin su autorización y que no se tomara atribuciones que
no le correspondían.
Ella salio de la oficina, furiosa y le pidió a su secretaria no ser molestada hasta la hora de iniciar las entrevistas. Reviso
en teléfono una vez más y no vio ningún mensaje. Le marco a Juan. El teléfono sonó varias veces hasta que él contesto.
- Óyeme. Que te pasa? Crees que estoy para cuando
se te de la gana? Me dejaste preocupada toda la infeliz noche y no tienes la decencia
de llamar hoy en la mañana, siquiera para decir que estas bien. - Alicia vociferaba
en el teléfono, tratando de sacar su frustración de la noche anterior y el encuentro
con su jefe.
- Mira, pensaba llamarte hoy un poco más tarde, cuando
ya estuvieras instalada en tu oficina. Me quede sin batería ayer y vi tus mensajes
y tus llamadas hasta hoy, que prendí el teléfono, después de recargarlo. No me gusta
el tono que estas usando. Pensaba pasar por ti para ir a almorzar y platicar un
poco, pero parece que no estas de humor. Mejor luego hablamos.- contesto Juan en
un tono sereno y sin ganas de discutir.
Alicia colgó la llamada aun más enojada. Salio
hecha una furia a la cocineta por un poco de café. María estaba ahí, terminando de
limpiar y lavar las tazas y le acerco una para que tomara un poco de café. Estaba aun tibio
y Alicia mascullo una maldición.
-Ese tipo de enojo, solo lo provoca un hombre.-
dijo María.
-Perdón? - contesto molesta Alicia.
-Siempre hay que ser más inteligente
que ellos y darle la vuelta al asunto. Es más fácil obtener algo con miel que con
vinagre. - le recordó la conserje.
Alicia medito un momento, no sabia que hacer.
La cabeza le daba vueltas y su cerebro se imaginaba mil cosas.
- Tenga. A mi me relaja cuando estoy muy presionada.-
María le ofreció un cigarro de una cajetilla.
- Pero no suelo fumar muy seguido.- contesto
Alicia.
- Úselo ahora, cuando regrese su café ya va a estar listo.- dijo María dándole también un encendedor.
Alicia salió a la terraza, donde estaba la sección
de fumar y se empezó a relajar con cada bocanada. Pensó en una buena sesión de sexo esa
noche y ahí poder preguntar y obtener las respuestas que
necesitaba. Sorprendentemente, noto que el cigarrillo realmente tranquilizaba sus
nervios y le permitía pensar con mayor claridad. Su mente divagaba con muchas conjeturas
mientras miraba algún punto en el horizonte y el humo subía con parsimonia del cigarro
que estaba en su mano.
Regreso a la cocineta y le devolvió a María
su encendedor musitando un gracias. Tomo su taza de café y con renovado
entusiasmo regreso a su oficina para iniciar las entrevistas. Le pidió a su secretaria
que eliminara la orden de no molestar y que se preparara para las entrevistas; Laura
contestó afirmativamente sin extrañarse, estaba acostumbrada a esos repentinos cambios
de humor de su jefa. Alicia tomo su celular y le envió un mensaje a Juan diciéndole
que tenia un día muy atareado y que el almuerzo era imposible, pero que lo esperaba
en la noche en su departamento para cenar, ver alguna película y platicar. Envió el mensaje y espero unos minutos. Un pequeño sobre apareció en la pantalla del teléfono.
Abrió el mensaje y encontró una escueta respuesta de "ok" y si le parecía
bien que llegara a las 8. Alicia contesto que estaba perfecto para que ella pudiera
preparar todo y le envió el mensaje. Ya no hubo respuesta.
El día en la oficina fue normal. Las entrevistas
se llevaron a cabo sin novedad y mientras Laura transcribía las partes relevantes
del análisis psicológico, Alicia le enviaba los cortes de video que debían llegar
al cliente, como parte de la selección.
Alicia comió un sándwich para no salir de la
oficina y tener tiempo de llegar a cada, después de comprar algo preparado para
la cena.
Durante el día, la nueva conquista de su jefe
llego al despacho, acompañada de un joven de buen ver, a quien presento como su
primo. Llego con su jefe y le pidió dinero y un auto para poder enseñarle a su primo
la ciudad; el jefe le dio vario billetes y ordeno que le dieran un auto. Le agradeció con un beso en la mejilla, se tomo del brazo y se alejo contoneando las caderas
para deleite de los caballeros.
Su jefe se encerró en su oficina y pidió no
ser molestado. Alicia pudo ver algunos empleados que cuchicheaban, se reían y hacían
señas de cuernos para después soltar la carcajada. Sintió pena por su jefe. No podía
entender como toleraba la situación y permitía esa conducta en publico. Ella pudo ver a su jefe a través
de los ventanales, sentarse en su sillón y estar en una actitud de resignación. Un par de horas
después, salio de su oficina, sin dirigir la palabra a nadie.
Alicia terminó con las entrevistas y las evaluaciones
psicológicas comenzó a crear los archivos para ser enviados a revisión por su jefe
y posteriormente, enviados al cliente. A las 5 de la tarde, salio de la oficina
y se dirigió a un restaurante japones para comprar la cena. Eligió sushi filadelfia,
arroz con ajo, sake y una botella de vino tinto como aperitivo. Llego a la casa
cerca de las 7 de la noche y empezó a preparar todo para esperar a Juan. Dispuso
platos, copas, palillos y algunos recipientes para la salsa soya y el picante.
Juan llego al departamento y entró saludándola
con un beso, se veía fastidiado y cansado. Él pidió permiso para encender el televisor
y ella accedió, le dijo que terminaría de preparar y se iría a cambiar de ropa.
Juan se acomodo en el sillón y comenzó a ver un juego de soccer en la televisión.
Al terminar de servir, Alicia entro en su cuarto
y se cambio de ropa. Al cabo de unos minutos, salio vestida con un conjunto de lencería
de bra y panty en morado y negro, con un liguero que hacia juego y medias de red,
zapatos de tacón alto, maquillaje natural y tan solo cubierta con una bata semi
transparente color violeta. Alicia se acerco a Juan y le sonrió.
- Ya esta la cena? Tengo hambre.- se levanto
del sillón sin darse por aludido al guardarropa.
Alicia suspiró y fueron a la cocina y comenzaron
a cenar en el desayunador. Él comía sin prestarle mucha atención a su pareja.
Ella se acerco lentamente y comenzó a besarle en la boca. De repente, él se separo del
abrazo y corrió a la sala.
- Gooool. - empezó Juan a gritar.
- Por lo que se ve, tienes más hambre de juego y de comida que otra
cosa.- espetó Alicia molesta.
-Mira, estamos tranquilos y no tengo ganas de
pelear, ok? Estas muy irascible últimamente.- dijo Juan fastidiado.
- Irascible? No me haces caso. Prefieres a tus
amigos, a tu trabajo, a la tele que a mi. Y ahora, ni siquiera puedo expresarlo
sin que te molestes.- Alicia gritaba furiosa.
- Mira, quédate con tu mal humor. No tengo porque
soportar tus arranques.- contesto Juan. Tomo su saco y se dirigió a la puerta.
Ella estaba furiosa y vio como él salia dando
un portazo. Alicia no podía creer lo que estaba pasando. Ella quería hablar con
él y el tan solo
le había dado la espalda.
Alicia no podía creer tal comportamiento. Entro
corriendo a su recamara, se quito la bata y se puso un abrigo largo. Dejo su bolso
y tomó todas las llaves del dulcero donde solía ponerlas, cerca de la puerta de
entrada. Puso todas las llaves en el bolsillo del abrigo, junto con su celular.
Llego al estacionamiento y rebusco entre las llaves las de su auto, las encontró y se dispuso a ir a casa de Juan.
Ella iba manejando hacia su casa, cuando vio
que lo había alcanzado; en el momento que le iba a tocar el claxon para que se detuviera,
vio que él tomaba un camino distinto. Se dispuso a seguirlo a una distancia prudente.
La noche no estaba muy obscura y había trafico y se dio cuenta que el no notaba estar siendo seguido. Llego a una zona residencial con casas solas, no muy lejos
de su propia casa. Vio que el descendió de su Mustang y toco en una de las casas.
Una hermosa jovencita salio a su encuentro y le arrojo los brazos al cuello, él la tomo de la
cintura y se dieron un largo y apasionado beso.
Alicia no podía creer lo que estaba viendo,
su novio tenia otra mujer, mucho más joven. Comenzó a llorar de rabia y de celos. Sus lagrimas corrían a
raudales. Nadie se lo había dicho. No era una foto. No era un chisme, lo había visto
con sus propios ojos. No era una prima o una hermana, ese apasionado beso no era
de parentesco.
Estaba muy desesperada y se sentía traicionada
y derrotada. Suspiro profundamente; pensó en regresar a casa y preparar una caja
con todas las pertenencias de él que tenia ahí.
Al intentar poner la velocidad en su auto, sintió un peso excesivo en el bolsillo de su abrigo; saco todo lo que tenia y vio que eran
todas las llaves del dulcero de su departamento. Las de los closets, algunas de
la oficina; se quedo mirando las llaves un momento. Entre sus lágrimas, un juego
de llaves brillo a la luz del alumbrado, unas llaves Ford de un Mustang que estaba
estacionado a unos metros delante de ella.
Sus ojos brillaron de manera maquiavelica. Él
la había lastimado en su corazón, ella podía lastimarlo donde a él le dolería. Alicia pensó en destruir
el auto y verlo llorar de dolor, pero quería verlo sufrir más, el auto no
tenia la culpa.
La calle estaba prácticamente vacía y comenzaba
una lluvia que amenazaba con arreciar. Los truenos sonaban en el cielo y lo iluminaban
por un instante.
En ese momento, ideo la manera de desquitar
su coraje, su frustración, sus celos.
Llevo su auto hasta la esquina opuesta y lo
estacionó listo para salir. La lluvia comenzaba a arreciar y ella empezó a mojarse,
pero el abrigo y el coraje que tenia, le daban calor. Con las llaves del Mustang,
se acerco al auto deportivo. Los relámpagos le ayudaron y al instante de encenderlo,
el ruido del motor se confundió con un trueno. El auto estaba hasta la esquina opuesta,
bajo un árbol en la zona más obscura de la calle. Sentada al volante, se dispuso a esperar.
Eran las 11 de la noche, cuando vio que Juan
salia de la casa junto con la muchacha que lo despidió con un apasionado beso y
lo vio que caminaba sin prisa con dirección a ella.
El ruido de la lluvia amortiguo el sonido del
motor.
Él tenia que cruzar la calle para llegar al
auto.La lluvia seguía cayendo copiosamente, pero el caminaba despacio, parecía disfrutar
del agua sobre él.
Juan se quedo paralizado cuando vio que su amado
auto se acercaba a el a toda velocidad. No alcanzó a ver a nadie adentro, todo estaba
obscuro. Alicia acelero a fondo y el carro se disparo contra el hombre.
La parte delantera izquierda golpeo con fuerza
la parte media de sus piernas; al mismo tiempo, un crujido macabro de rotulas rompiéndose,
se confundió con el retorcer del metal de la defensa, el cristal astillado del fanal
y el plástico destruido del cuarto delantero izquierdo.
El impacto arrojó a Juan contra una camioneta
estacionada. Sus costillas se fracturaban mientras abollaban la portezuela. Su cabeza
destrozaba en astillas la ventanilla lateral, al mismo tiempo, se convertía en pulpa
de hueso, pellejo y cabellos.
Cayó a gatas junto a la camioneta; trato de
incorporarse, pero las rodillas no respondían. Al voltear hacia el auto, vio las
luces de reversa encenderse y dirigirse directamente hacia él. Quiso moverse
para esquivar el golpe, pero el auto fue más rápido que él.
La defensa trasera dio de lleno en su mejilla
y sintió que su cabeza estallaba en mil pedazos.
Desde el suelo, vio que el Mustang se acercaba
lentamente hacia el. Juan respiraba con dificultad, el sabor ocre de la sangre llenaba
su boca y sentía los pedazos de diente saliendo de entre los labios. Al voltear
a ver hacia la ventanilla del piloto, solo vio una silueta negra que parecía gozar
con su sufrimiento.
El auto retrocedió lentamente y enfilo la rueda
delantera izquierda hacia su cabeza. La llanta se subió a su cabeza y se levanto
por un instante, pero el peso del auto la aplastó como a un coco.
Alicia apagó el Mustang, dejando las llaves
en el encendido y se bajo de manera lenta. Se alejó del deportivo sin mirar atrás.
Nadie salio. Nadie se dio cuenta. La lluvia seguía cayendo sin prisa. Llegó hasta
su auto y se dirigió a casa.
Al día siguiente, la policía se presento en
su casa y le preguntaron por Juan. Ella dijo que habían tenido una pelea y que se había
ido del departamento, dejándola sola con la cena servida.
El oficial le pregunto que si sabia que tenia
otra novia. Alicia entonces dejo salir todo su llanto y su rabia por saberse engañada.
El oficial le cuestionó si ella conducía el
auto de su novio. Ella contesto que algunas veces lo manejaba cuando él se quedaba
y tenia que moverlo para dejar pasar a los vecinos.
Alicia estuvo en varios interrogatorios y en
todos se determinó que ella era la engañada y no sabia nada. La otra muchacha tampoco
sabia nada de la doble vida de su novio.La policía determinó que si el occiso tenia
2 novias, bien podía haber tenido algún amorío con una mujer casada y un marido
celoso podía haberlo hecho.
Alicia regreso al trabajo y la carga laboral,
le hacia mas llevadera la pena.
Un día, llego a la cocineta y vio a María haciendo
el aseo. La saludó y comenzaron a platicar. Por alguna razón, el difunto marido
de María salio a relucir.
-Usted me dijo que su marido había fallecido,
pero nunca me dijo como había sido.- preguntó Alicia.
- Una enfermedad que los doctores no pudieron
detener y que se lo acabo poco a poco. Duro 3 años apagándose como una vela. - dijo
María sin pena.
- Fue una larga agonía.- dijo Alicia.
-Fue su castigo. Imagínese, yo sufrí 30 años
de infidelidades, golpes, malos tratos. Era lo menos que podía hacer por mi, morirse
lentamente. - dijo María.
- Y nunca le recrimino nada? No le reclamo su
conducta? - preguntó Alicia.
- Para qué. Mejor dejar que la vida le diera
lo que merecía.- sonrió María.
- Y es bueno hacerse, como usted dice, "
pendeja" ? - cuestiono Alicia.
- Una cosa es "hacerse" y otra "serlo".
Nosotras nos hacemos, pero no lo somos. Buscamos la manera de hacérselos notar,
no lo cree? - le dijo María guiñándole un ojo y saliendo de la cocineta.
Alicia no contesto nada. Se quedo viendo un
punto en el infinito mientras tomaba un sorbo de su café y sonreía.
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