Me hago; pero, no soy...

 

-Necesito los CV's en mi correo antes de que te vayas hoy, por favor. El cliente quiere iniciar entrevistas finales el miércoles siguiente.

 Era el correo que tenia como titulo 'urgente' y que llego poco después del almuerzo.

 Su jefe era un poco paranoico en cuanto a fechas limite se refería. No era la primera vez que le requería algún proyecto para el cual tenia aun suficiente tiempo; apenas era jueves y los candidatos estaban seleccionados y listos para revisión y envío al cliente. Alicia tomó un sorbo de su café, americano, cargado, con muy poca azúcar, cono le gustaba para después de almorzar. La pantalla de su computadora hacia sonar una pequeña campana cada vez que llegaba un correo y la campanilla parecía no parar en todo en día. Desde que había obtenido el puesto de gerente de selección, el correo que le había asignado la empresa, no paraba de recibir CV's. Los correos seguían llegando y la computadora hacia su trabajo de selección, mientras Alicia miraba la pantalla sin verla, saboreando su café.

 

El puesto sonaba muy importante pero en realidad era solo el recibir CV's, organizarlos, seleccionar a los candidatos, hacer entrevistas previas, enviar candidatos con un pequeño perfil psicológico al cliente para que ellos pudieran tener la respuesta final. Nunca pensó que su carrera de psicología terminaría en seleccionar y analizar posibles empleados; ella tenia la idea de poner un pequeño despacho independiente y dar consulta a niños con problemas de conducta. Le gustaban los niños y quería hacer algo para ayudarlos.

 

De hecho, al terminar su carrera, puso el consultorio en casa de su madre e inicio las terapias infantiles. Aun recordaba que había comprado algunos juguetes y libros de cuentos para entretener a los infantes mientras les tocaba su turno de consulta. Inicio la consulta y los niños llegaban a cuentagotas. A veces sólo tenia una consulta por semana. Se anunció en las escuelas y en la unidad habitacional donde vivía y algunos llegaron; la mayoría sin recursos para pagar largas terapias. Los casos eran prácticamente lo mismo, hijos de madres trabajadoras, que por su trabajo o por querer buscar una vida después de separarse del padre del niño o por no saber a ciencia cierta quien era el padre de los niños, eran criados por abuelas o tías y tenían problemas de conducta o integración. Al principio, ayudaba a los niños y madres, pero el dinero no llegaba. Al final, a veces daba terapia gratis por apoyar a alguna familia. Las cuentas no perdonaban y tuvo que buscar empleo en alguna empresa para poder salir adelante.

 

Ya tenía 5 años en la compañía y a sus 28 años el ascenso había sido lento. Empezó casi como recepcionista de la empresa, ya que todo lo que hacia era recibir a los candidatos, darles un formato y ponerlos en una sala de espera antes de la entrevista. Poco a poco, fue adentrándose en el mundo de los recursos humanos y con un poco de ayuda de su jefa directa, implementaron un programa de análisis psicológico del candidato que era enviado junto con el perfil del empleado para la selección final por parte del cliente. Ese sistema les había proporcionado mucho éxito, ya que tenia una confiabilidad del 90%.

 

El café humeaba lentamente y Alicia lo saboreaba mientras esperaba el resultado de la búsqueda en la computadora. Tenia una memoria externa de un terabite de capacidad donde almacenaba todos los CV's que recibía, estaban ordenados por diferentes categorías: experiencia, estudios, edad, etc. y ademas había diseñado un programa que literalmente leía los CV's en PDF o word y buscaba la información en especifico que un cliente necesitaba para un perfil. El programa era una bandeja de entrada y un buscador hasta arriba, tan solo ponía lo que necesitaba en la parte superior y el programa depositaba todos los CV's en la bandeja, descartando repetidos; luego filtraba por algún otro dato del perfil. El programa descartaba e iba dejando los que llenaban las características. Al final, siempre tenia unos cuantos que revisaba personalmente y elegía para entrevista y análisis psicológico. El sistema encantaba a su jefe y siempre lograba muy buenos puntos con el cliente. El ya solo se dedicaba a las relaciones publicas y a cobrar las exorbitantes facturas que cobraba a las empresas por los servicios. Ella había exigido los derechos totales de su método; varios caza talentos le habían ofrecido jugosos sueldos en otras empresas, pero su jefe siempre le aumentaba el sueldo y las prestaciones para mantenerla en la empresa. A sus 28 años, podía considerarse exitosa, con un sueldo envidiable y prestaciones extra.

 

Pero la gente en la oficina, la consideraba extremadamente metódica y pragmática; cada uno de sus días estaba dividido de manera meticulosa y detestaba salirse de su rutina. Su oficina estaba tan impecable que la señora de la limpieza tenia miedo de entrar y ensuciarla. Su secretaria llevaba una agenda muy estricta y cualquier situación fuera de programa, no era aceptada. Entraba a las 9 de la mañana y salia a las 5 de la tarde, puntualmente, sin atrasos, ni horas extra. La hora de la comida estaba programada para ser puntual; tomaba siempre el mismo almuerzo y se tomaba la misma cantidad de tiempo, no se permitía salir de la rutina.

 

En su departamento era una situación similar. El departamento estaba prístino de pulcritud; siempre lo dejaba limpio antes de salir a trabajar; cuando regresaba, cenaba y dejaba limpio antes de irse a dormir. El lavado de ropa y las compras se hacían en la noche. Dejaba la ropa en la lavadora antes de acostarse y en la mañana, la sacaba de la secadora, lista para planchar o guardar. Nada en su casa estaba fuera de lugar, sus amistades preferían salir con ella a un restaurante que atreverse a ensuciar su inmaculado recinto.

 

No tenia muchos amigos y solo salia los viernes o los sabados por un trago o a bailar. En una de esas salidas conoció a Juan, un gerente de personal de una agencia gubernamental que se especializaba en la comercialización de bienes recuperados. Alto, fornido sin estar inflado, bien vestido, 38 años y saliendo de una relación tortuosa con una mujer celosa. Gustaba de la buena comida, con platica fácil y sentido del humor. Salieron por un mes bajo las estrictas reglas de horario de Alicia y se hicieron novios.

 

La relación iba sobre ruedas porque el no discutía su forma de ser y no le gustaba ir a su departamento, ni llevarla al de él. Cuando empezaron a tener relaciones, la llevó a un hotel y le explico que prefería mantener la privacidad de ambos en aras de una relación más sana. Ella lo aceptó por comodidad, no quería que su intimidad y privacidad en su departamento se vieran comprometidas; lo único que no soportaba era la manera como procuraba su auto, era un Ford Mustang 1997, cobra jet, edición especial, negro y dorado, al que mantenía en condiciones optimas; en su tiempo libre, lo lavaba y lo arreglaba como quien arregla a un hijo y se refería al auto como "Indira"; lo llevaba como quien pasea una mascota y pocas veces lo dejaba en manos de algún valet para estacionarlo. Para Alicia, un auto era solo un accesorio para desplazarse cómodamente. Ella tenia un Honda Civic y solo lo consideraba como un medio de transporte, pero el no podía dejar de lado su auto, eso la molestaba mucho.

 

Mientras esperaba que el programa terminara de trabajar, recibió un mensaje en su teléfono. Era Juan que preguntaba si pasaba por ella para ir a cenar. Era jueves y la sacaba completamente de su horario establecido. Estaba a punto de contestar el mensaje, cuando apareció en la pantalla del ordenador el mensaje de "terminado". La primera búsqueda había arrojado 150 resultados sobre 7826 opciones. Dejo de lado su teléfono y tecleo, en la búsqueda sobre resultados, el siguiente filtro. La pantalla parpadeo y comenzó la búsqueda.

 

Alicia levanto la cabeza y vio a 2 de sus compañeras de trabajo cuchicheando y volteando hacia donde se encontraba ella. Su oficina tenia un gran ventanal que le permitía la vista a todos los cubículos. Al verse atrapadas en el cuchicheo, las 2 mujeres sonrieron y le hicieron un saludo con la mano. Ella devolvió el saludo y la sonrisa.

 

-Malditas brujas. Como si no supiera lo que dicen y se burlan de mi. - se dijo a si misma mientras regresaba su vista al ordenador.

 

Había escuchado los comentarios y las burlas que se hacían a sus espaldas con respecto a su personalidad; decían que dormía de pie en un closet para no arrugar su pijama o que le pasaba un manual a su novio con instrucciones precisas y tiempos de reacción para cuando tenían relaciones sexuales, y soltaban la carcajada le hacia inspecciones de control de calidad por desempeño. Le enfurecía que no apreciaran la organización de la manera que la veía ella, una manera de avanzar en el trabajo y en una relación.

 

El ordenador terminó la búsqueda y quedaron 8 candidatos. La siguiente parte de la selección, la haría en persona debido al perfil que la empresa requería; se había solicitado hombre de preferencia y ademas, si era mujer debía ser soltera y si era hombre debía ser casado; ella había visto esos parámetros como una constante en la mayoría de las empresas como un seguro para tener un mejor personal.

 

Estaba leyendo y revisando los CV's, cuando un nuevo mensaje llegó a su teléfono.

 

- Ya no contestaste. Voy por ti o nos vemos otro día? me están invitando los muchachos a un trago y solo espero tu contestación para confirmar o declinar. - decía el mensaje de manera imperiosa.

 

- Tengo que terminar una selección, enviar los prospectos al cliente, enviar los correos de invitación para las entrevistas y solicitar entrevistas por teléfono a los candidatos sin correo y apenas estoy empezando. Si quieres ir, ve y luego nos hablamos para vernos; pero, un trago en jueves? como quieras. - contestó secamente y volvío a la pantalla.

 

El mensaje no tardo en ser contestado y brillo en la pantalla del teléfono casi en cuanto ella había terminado de escribir; como si él estuviera escribiendo al mismo tiempo que ella.

 

- Ok, nos ponemos de acuerdo y te llamo después. No trabajes mucho. Bye. - el mensaje sonaba escueto y apresurado.

 

Alicia no le dio importancia y continuo con el trabajo; estaba cansada y lo único que no quería era una confrontación con su novio por una salida con los amigos. Termino con la selección y quedaron los 8 candidatos para entrevista y asignación de cita con el cliente. La empresa había solicitado 5 candidatos para escoger pero ella siempre enviaba de más junto con la evaluación y entrevista psicológica para que el cliente no se sintiera encerrado en solo unas cuantas opciones.

 

Estaba indecisa en iniciar las entrevistas al día siguiente o hasta el siguiente lunes, ya que su jefe querría revisar los perfiles y los CV's para dar el visto bueno; aunque sabia por experiencia que su jefe no se molestaría en revisar los CV's; el dia siguiente era viernes y solía irse temprano para pasar el fin de semana con su nueva conquista, una modelo esquelética que había encontrado en una fiesta que había dado uno de los clientes hacia un par de meses y que gastaba dinero a manos llenas. Cantas veces haba visto que la chica llegaba, escoltada por el chófer, solicitando un cheque para unas nimiedades que había comprado; llegaba contoneando el cuerpo y haciendo las delicias del personal masculino, con ropa extremadamente ajustada, escotada, corta, transparente; sonriendo y guiñando el ojo a algún buen mozo que de cruzaba en su camino. Su jefe parecía no darse cuenta o hacerse el occiso con tan descarado coqueteo por parte de la mujer; pero, al fin y al cabo, él era quien se acostaba con ella y los demás solo podían babear por el trofeo. Alicia no entendía como esa jovencita no sentía repulsión por acostarse con un hombre que podía ser su abuelo. moviendo la cabeza, regreso a lo que le atañaba y decidió iniciar las entrevistas al día siguiente. Le marco a su secretaria y le pidió por favor que llamara a los candidatos para iniciar las entrevistas en las oficinas; 4 para el viernes y 4 para el lunes.

 

Las entrevistas duraban aproximadamente entre 30 y 45 minutos y se necesitaba un mínimo de una hora para la evaluación que se le enviaría al cliente, junto con el video de la entrevistas, detallando cada una de las reacciones durante las preguntad criticas y las de control; le pidió también que reservara una sala de juntas para ambos días y solicitara el equipo de grabación, instalado para el día siguiente.

 

Alicia vio que era casi hora de salir, quedaban 45 minutos y tenia que esperar a los resultados de las citas. Ella tomo su taza y bebió un sorbo de su café, estaba frío; decidió ir por otra taza a la cocineta de la oficina. En cuanto su secretaria la vio salir, se ofreció a traerle el café y ella declino pidiendole que terminara con las llamadas y le pasara el informe de como quedaban y un reporte de con quien y a que hora serian las citas, aíi como la confirmación de la sala de juntas ya lista.

 

Ella llego a la cocineta y vio a uno de los mozos limpiando y poniendo café nuevo en la cafetera. El aroma del café recién hecho siempre le había gustado. Ella tenia una cafetera que se podía programar para que, en cuanto ella llegara a la cocina de su apartamento, la recibiera el aroma del café. Saludo al mozo y él respondió amablemente y le ofreció unas cuantas galletas que se compraban para los empleados, ella declino el ofrecimiento y continuaron hablando del clima y de la familia del mozo. Después de 5 minutos, se despidió amablemente de él y regreso a su oficina.

 

Caminaba hacia allá, cuando escucho unos sollozos en uno de los cubículos del despacho. Se acerco y vio a una de las empleadas que lloras y se limpiaba la nariz. El llanto era pronunciado pero trataba de hacerlo discreto. Alicia la reconoció, era Rosa una de las reclutadoras, se dedicaba a recibir CV's y a la primera aproximación de los candidatos. Ella platicaba con ellos y veía el potencial en las personas que venían personalmente a solicitar un empleo. Después escaneaba el CV y anexaba un breve comentario sobre la entrevista y se lo enviaba a Alicia para su archivo y posible selección

 

- Que te pasa, Rosita? porque lloras? te puedo ayudar en algo? - pregunto Alicia con sincero interés.

 

- Alicia, porque los hombres son tan basura? - sollozaba la empleada.

 

- Tranquila, Rosa. No puede ser tan malo el problema. Cuéntame que te sucede.- dijo Alicia consolándola.

 

- Mi novio Miguel, con el que ya llevo varios años y ya tenemos 2 hijos, lo acaban de ver con una mujer en Acapúlco. - contesto Rosa tratando de controlar el llanto.

 

- Tanto que decía que me amaba y ahorita se esta revolcando con otra. - lloraba a pierna suelta.

 

Alicia no sabia como responder. Vio a Rosa, una mujer con sobrepeso, que no se podía arreglar mejor debido a que tenia 2 hijos que atender. Su ropa era modesta, pero limpia; sin embargo, no atraía físicamente. Alicia le sugirió que lo tomara con calma y pensara que iba a hacer, tanto por el bienestar de sus hijos como el suyo propio. Que no debía desmoronarse y que necesitaba pensar.

 

- Si pudiera, mataba al desgraciado. Vivía conmigo, yo lo atendía, atendía a sus hijos y me paga con una traición.- hablaba Rosa con rabia y rencor.

 

Alicia entendía su dolor. Volteo a ver su teléfono y había una fotografía de un hombre que estaba muy acaramelado con una mujer joven, atractiva, en un restaurante. La foto había sido tomada de lejos, pero se apreciaban los rostros nítidamente. Le dijo a Rosa que se podía ir a casa y empezar a pensar que haría. La mujer agradeció y empezó a juntar sus cosas para irse.

 

Alicia se dirigió a su oficina con su café en la mano y pensando en todas las penurias que aquella mujer tendría que pasar ahora; abogados, pleitos legales, distanciamiento de los hijos. Ella tenia mejores cosas que pensar que en pelear con un hombre en cuestiones de pareja

 

Conforme se acercaba a su oficina pensaba en todas las situaciones que se vivían en pareja y lo que algunas mujeres tenían que enfrentar. Vio a uno de los empleados, coqueteando con una de los candidatos y ella se dejaba querer; y ella sabia que era casado. Recordó a su jefe con su esposa y sus 3 hijos, ya adolescentes, saliendo con una muchachita que bien podía ser su hija menor. La situación de Rosa, la empleada. Vio a una parejita de empleados, él casado, ella madre soltera, pasando por la salida de emergencia, tratando de no ser vistos, buscando un lugar para estar solos. Pensaba hasta donde llegaba el cinismo y la desfachatez de algunos hombres y hasta donde podría llegar una mujer en un arranque de celos.

 

Sus pensamientos fueron interrumpidos por su secretaria que le llevaba el reporte de entrevistas para el día siguiente, 3 pata el viernes y 5 para el lunes, con los resultados listos pata ser enviados el martes, teniendo como fecha limite el jueves.

 

Alicia escuchaba el reporte con la mirada perdida en algún punto de la oficina. Su secretaria le pregunto si le pasaba algo.

 

- No. Nada, Laura. Oye, de verdad los hombre son tan infieles? - pregunto a rajatabla Alicia.

 

 

- Mmm. Dímelo a mi.. Todos mis novios han terminado casados con otras mujeres. Con decirte que uno de ellos termino casándose con mi hermana; no sabes la incomodidad al estar compartiendo la mesa, en alguna reunión familiar, ver al tipo que duerme con tu hermana y saber que tu dormiste con él. Por eso he espaciado lo más posible este tipo de reuniones. - termino suspirando Laura a manera de resignación.

 

Dándole las gracias por el reporte, Alicia entro a la oficina y comenzó a revisar los correos invitación enviados a los prospectos y a enviar el correo con los candidatos a su jefe. Mientras su computadora abría el correo de la empresa, Alicia tomo su teléfono y le envió un mensaje a Juan. Solo le deseaba que se estuviera divirtiendo y que lo amaba. Dejo el teléfono de lado y terminó lo que tenia pendiente.

 

Al terminar la jornada, Laura se despidió con la mano a través de la ventana. Alicia tomo su taza para llevarla a la cocineta para lavado, ahí encontró a María, la señora del aseo. Ella le sonrió y le pidió dejar su taza, ella la lavaría.

 

- Oiga, María. Yo se que usted es viuda, pero estuvo casada por muchos años. Perdón por la pregunta, su marido le fue siempre fiel? - la pregunta salio sin pensar, directa.

 

-Señorita, el secreto del matrimonio esta en la paciencia, la tolerancia y el hacerse un poco pendeja a veces. - contesto María con una sonrisa.

 

-Como? usted llego a saber de alguna aventura de su esposo? - inquirió Alicia alarmada.

 

-Las mujeres sabemos esas cosas. Los hombres creen que nos hacen pendejas, pero nosotros lo sabemos. Al final, ellos entienden que nadie más que su esposa los va a cuidar cuando estén viejos y enfermos. Ya cuando se fue, yo descanse. Siempre tuve miedo que alguna vez me fuera a pegar alguna enfermedad. Los hombres no se fijan en esas cosas.- comentaba de manera natural.

 

Alicia salio de la cocineta con una sonrisa resignada y fue por su bolso y su abrigo a su oficina. Su mente divagaba, pensando tantas cosas que pasaban a su alrededor sin que se diera cuenta. Tomo las llaves de su auto y se dirigió al estacionamiento. Camino al carro, recordó que su novio no iría a verla y decidió comprar un poco de comida china para llevar y comer en casa.

 

El restaurante chino era una combinación de oriental y occidental, con las paredes tapizadas de adornos asiáticos que contrastaban con las enormes pantallas de televisión y una rocola que emitía canciones de moda y sonaba a todo volumen. Al ordenar en la caja por la comida para llevar, encontró el móvil y reviso la pantalla por si el mensaje de contestación había llegado. Al no encontrar nada, revisó que la cobertura estuviera bien y que el teléfono pudiera recibir los mensajes. Tomo su pedido y se dirigió a su auto para ir a casa. Iba escuchando el radio, en aquella estación que le gustaba. La música sonaba bien, pero por alguna razón, ella sentía que solo escuchaba canciones que hablaban de mujeres engañadas o infidelidades masculinas. Trato de no poner atención y concentrarse en el trabajo que tenia pendiente al llegar a casa.

 

Estaciono el auto en su lugar asignado, tomo la bolsa con la vianda y se dirigió al ascensor que la llevaría a su departamento. El apartamento era pequeño pero cómodo y relucía por la limpieza que ella le prodigaba diariamente. Tomo un trapo y sacudió el poco polvo de los muebles; puso la comida en el horno y lo programo para calentarla., mientras daba una barrida rápida al lugar. A pesar que su departamento albeaba de limpio, Alicia siempre tenia miedo de que se acumulara el trabajo y tener que hacerlo de un golpe el fin de semana. Saco la ropa de la secadora y la separo para ser planchada y ropa para doblar. Al terminar escucho el timbre del horno que indicaba que la comida estaba lista. Preparo la ropa de planchar en una bolsa y la de doblar en un cesto.

 

Llevo la comida en una charola y se acomodo en la sala a ver la televisión mientras cenaba. Eran casi las 10 de la noche, había una película en cable acerca de una esposa que descubría la infidelidad de su marido. Tomo su celular y noto que los mensajes que había mandado, no habían sido respondidos. Envió uno más preguntando si estaba bien y que le hablara o le enviara un mensaje, que estaría esperando para cerciorarse que no había problemas.

 

Termino de cenar, limpio todo y termino de ver la película que solo le hizo tener más dudas. Revisaba el celular para estar segura que no había llegado ningún mensaje sin que ella se percatara. Se fue a acostar, dejando el teléfono junto a ella, encendió el televisor de su recamara para arrullarse, pero se la había ido el sueño. Veía la televisión sin atención, muchas cosas fluian en su cabeza.

 

A la mañana siguiente, llego a la oficina y su jefe la llamo a su despacho sin darle oportunidad de dejar sus cosas en su oficina. El jefe le recriminó el agendar entrevistas sin su aprobación. Ella argumento que eran candidatos seguros y que no había visto ningún problema. Él la regaño y le pidió que ni hiciera nada sin su autorización y que no se tomara atribuciones que no le correspondían.

 

Ella salio de la oficina, furiosa y le pidió a su secretaria no ser molestada hasta la hora de iniciar las entrevistas. Reviso en teléfono una vez más y no vio ningún mensaje. Le marco a Juan. El teléfono sonó varias veces hasta que él contesto.

 

- Óyeme. Que te pasa? Crees que estoy para cuando se te de la gana? Me dejaste preocupada toda la infeliz noche y no tienes la decencia de llamar hoy en la mañana, siquiera para decir que estas bien. - Alicia vociferaba en el teléfono, tratando de sacar su frustración de la noche anterior y el encuentro con su jefe.

 

- Mira, pensaba llamarte hoy un poco más tarde, cuando ya estuvieras instalada en tu oficina. Me quede sin batería ayer y vi tus mensajes y tus llamadas hasta hoy, que prendí el teléfono, después de recargarlo. No me gusta el tono que estas usando. Pensaba pasar por ti para ir a almorzar y platicar un poco, pero parece que no estas de humor. Mejor luego hablamos.- contesto Juan en un tono sereno y sin ganas de discutir.

 

Alicia colgó la llamada aun más enojada. Salio hecha una furia a la cocineta por un poco de café. María estaba ahí, terminando de limpiar y lavar las tazas y le acerco una para que tomara un poco de café. Estaba aun tibio y Alicia mascullo una maldición.

 

-Ese tipo de enojo, solo lo provoca un hombre.- dijo María.

 

-Perdón? - contesto molesta Alicia.

 

-Siempre hay que ser más inteligente que ellos y darle la vuelta al asunto. Es más fácil obtener algo con miel que con vinagre. - le recordó la conserje.

 

Alicia medito un momento, no sabia que hacer. La cabeza le daba vueltas y su cerebro se imaginaba mil cosas.

 

- Tenga. A mi me relaja cuando estoy muy presionada.- María le ofreció un cigarro de una cajetilla.

 

- Pero no suelo fumar muy seguido.- contesto Alicia.

 

- Úselo ahora, cuando regrese su café ya va a estar listo.- dijo María dándole también un encendedor.

 

Alicia salió a la terraza, donde estaba la sección de fumar y se empezó a relajar con cada bocanada. Pensó en una buena sesión de sexo esa noche y ahí poder preguntar y obtener las respuestas que necesitaba. Sorprendentemente, noto que el cigarrillo realmente tranquilizaba sus nervios y le permitía pensar con mayor claridad. Su mente divagaba con muchas conjeturas mientras miraba algún punto en el horizonte y el humo subía con parsimonia del cigarro que estaba en su mano.

 

Regreso a la cocineta y le devolvió a María su encendedor musitando un gracias. Tomo su taza de café y con renovado entusiasmo regreso a su oficina para iniciar las entrevistas. Le pidió a su secretaria que eliminara la orden de no molestar y que se preparara para las entrevistas; Laura contestó afirmativamente sin extrañarse, estaba acostumbrada a esos repentinos cambios de humor de su jefa. Alicia tomo su celular y le envió un mensaje a Juan diciéndole que tenia un día muy atareado y que el almuerzo era imposible, pero que lo esperaba en la noche en su departamento para cenar, ver alguna película y platicar. Envió el mensaje y espero unos minutos. Un pequeño sobre apareció en la pantalla del teléfono. Abrió el mensaje y encontró una escueta respuesta de "ok" y si le parecía bien que llegara a las 8. Alicia contesto que estaba perfecto para que ella pudiera preparar todo y le envió el mensaje. Ya no hubo respuesta.

 

El día en la oficina fue normal. Las entrevistas se llevaron a cabo sin novedad y mientras Laura transcribía las partes relevantes del análisis psicológico, Alicia le enviaba los cortes de video que debían llegar al cliente, como parte de la selección.

 

Alicia comió un sándwich para no salir de la oficina y tener tiempo de llegar a cada, después de comprar algo preparado para la cena.

 

Durante el día, la nueva conquista de su jefe llego al despacho, acompañada de un joven de buen ver, a quien presento como su primo. Llego con su jefe y le pidió dinero y un auto para poder enseñarle a su primo la ciudad; el jefe le dio vario billetes y ordeno que le dieran un auto. Le agradeció con un beso en la mejilla, se tomo del brazo y se alejo contoneando las caderas para deleite de los caballeros.

 

Su jefe se encerró en su oficina y pidió no ser molestado. Alicia pudo ver algunos empleados que cuchicheaban, se reían y hacían señas de cuernos para después soltar la carcajada. Sintió pena por su jefe. No podía entender como toleraba la situación y permitía esa conducta en publico. Ella pudo ver a su jefe a través de los ventanales, sentarse en su sillón y estar en una actitud de resignación. Un par de horas después,  salio de su oficina, sin dirigir la palabra a nadie.

 

Alicia terminó con las entrevistas y las evaluaciones psicológicas comenzó a crear los archivos para ser enviados a revisión por su jefe y posteriormente, enviados al cliente. A las 5 de la tarde, salio de la oficina y se dirigió a un restaurante japones para comprar la cena. Eligió sushi filadelfia, arroz con ajo, sake y una botella de vino tinto como aperitivo. Llego a la casa cerca de las 7 de la noche y empezó a preparar todo para esperar a Juan. Dispuso platos, copas, palillos y algunos recipientes para la salsa soya y el picante.

 

Juan llego al departamento y entró saludándola con un beso, se veía fastidiado y cansado. Él pidió permiso para encender el televisor y ella accedió, le dijo que terminaría de preparar y se iría a cambiar de ropa. Juan se acomodo en el sillón y comenzó a ver un juego de soccer en la televisión.

 

Al terminar de servir, Alicia entro en su cuarto y se cambio de ropa. Al cabo de unos minutos, salio vestida con un conjunto de lencería de bra y panty en morado y negro, con un liguero que hacia juego y medias de red, zapatos de tacón alto, maquillaje natural y tan solo cubierta con una bata semi transparente color violeta. Alicia se acerco a Juan y le sonrió.

 

- Ya esta la cena? Tengo hambre.- se levanto del sillón sin darse por aludido al guardarropa.

 

Alicia suspiró y fueron a la cocina y comenzaron a cenar en el desayunador. Él comía sin prestarle mucha atención a su pareja. Ella se acerco lentamente y comenzó a besarle en la boca. De repente, él se separo del abrazo y corrió a la sala.

 

- Gooool. - empezó Juan a gritar.

 

- Por lo que se ve,  tienes más hambre de juego y de comida que otra cosa.- espetó Alicia molesta.

 

-Mira, estamos tranquilos y no tengo ganas de pelear, ok? Estas muy irascible últimamente.- dijo Juan fastidiado.

 

- Irascible? No me haces caso. Prefieres a tus amigos, a tu trabajo, a la tele que a mi. Y ahora, ni siquiera puedo expresarlo sin que te molestes.- Alicia gritaba furiosa.

 

- Mira, quédate con tu mal humor. No tengo porque soportar tus arranques.- contesto Juan. Tomo su saco y se dirigió a la puerta.

 

Ella estaba furiosa y vio como él salia dando un portazo. Alicia no podía creer lo que estaba pasando. Ella quería hablar con él y el tan solo le había dado la espalda.

 

Alicia no podía creer tal comportamiento. Entro corriendo a su recamara, se quito la bata y se puso un abrigo largo. Dejo su bolso y tomó todas las llaves del dulcero donde solía ponerlas, cerca de la puerta de entrada. Puso todas las llaves en el bolsillo del abrigo, junto con su celular. Llego al estacionamiento y rebusco entre las llaves las de su auto, las encontró y se dispuso a ir a casa de Juan.

 

Ella iba manejando hacia su casa, cuando vio que lo había alcanzado; en el momento que le iba a tocar el claxon para que se detuviera, vio que él tomaba un camino distinto. Se dispuso a seguirlo a una distancia prudente. La noche no estaba muy obscura y había trafico y se dio cuenta que el no notaba estar siendo seguido. Llego a una zona residencial con casas solas, no muy lejos de su propia casa. Vio que el descendió de su Mustang y toco en una de las casas. Una hermosa jovencita salio a su encuentro y le arrojo los brazos al cuello, él la tomo de la cintura y se dieron un largo y apasionado beso.

 

Alicia no podía creer lo que estaba viendo, su novio tenia otra mujer, mucho más joven. Comenzó a llorar de rabia y de celos. Sus lagrimas corrían a raudales. Nadie se lo había dicho. No era una foto. No era un chisme, lo había visto con sus propios ojos. No era una prima o una hermana, ese apasionado beso no era de parentesco.

 

Estaba muy desesperada y se sentía traicionada y derrotada. Suspiro profundamente; pensó en regresar a casa y preparar una caja con todas las pertenencias de él que tenia ahí.

 

Al intentar poner la velocidad en su auto, sintió un peso excesivo en el bolsillo de su abrigo; saco todo lo que tenia y vio que eran todas las llaves del dulcero de su departamento. Las de los closets, algunas de la oficina; se quedo mirando las llaves un momento. Entre sus lágrimas, un juego de llaves brillo a la luz del alumbrado, unas llaves Ford de un Mustang que estaba estacionado a unos metros delante de ella.

 

Sus ojos brillaron de manera maquiavelica. Él la había lastimado en su corazón, ella podía lastimarlo donde a él le dolería. Alicia pensó en destruir el auto y verlo llorar de dolor, pero quería verlo sufrir más, el auto no tenia la culpa.

 

La calle estaba prácticamente vacía y comenzaba una lluvia que amenazaba con arreciar. Los truenos sonaban en el cielo y lo iluminaban por un instante.

 

En ese momento, ideo la manera de desquitar su coraje, su frustración, sus celos.

 

Llevo su auto hasta la esquina opuesta y lo estacionó listo para salir. La lluvia comenzaba a arreciar y ella empezó a mojarse, pero el abrigo y el coraje que tenia, le daban calor. Con las llaves del Mustang, se acerco al auto deportivo. Los relámpagos le ayudaron y al instante de encenderlo, el ruido del motor se confundió con un trueno. El auto estaba hasta la esquina opuesta, bajo un árbol en la zona más obscura de la calle. Sentada al volante, se dispuso a esperar.

 

Eran las 11 de la noche, cuando vio que Juan salia de la casa junto con la muchacha que lo despidió con un apasionado beso y lo vio que caminaba sin prisa con dirección a ella.

 

El ruido de la lluvia amortiguo el sonido del motor.

 

Él tenia que cruzar la calle para llegar al auto.La lluvia seguía cayendo copiosamente, pero el caminaba despacio, parecía disfrutar del agua sobre él.

 

Juan se quedo paralizado cuando vio que su amado auto se acercaba a el a toda velocidad. No alcanzó a ver a nadie adentro, todo estaba obscuro. Alicia acelero a fondo y el carro se disparo contra el hombre.

 

La parte delantera izquierda golpeo con fuerza la parte media de sus piernas; al mismo tiempo, un crujido macabro de rotulas rompiéndose, se confundió con el retorcer del metal de la defensa, el cristal astillado del fanal y el plástico destruido del cuarto delantero izquierdo.

 

El impacto arrojó a Juan contra una camioneta estacionada. Sus costillas se fracturaban mientras abollaban la portezuela. Su cabeza destrozaba en astillas la ventanilla lateral, al mismo tiempo, se convertía en pulpa de hueso, pellejo y cabellos.

 

Cayó a gatas junto a la camioneta; trato de incorporarse, pero las rodillas no respondían. Al voltear hacia el auto, vio las luces de reversa encenderse y dirigirse directamente hacia él. Quiso moverse para esquivar el golpe, pero el auto fue más rápido que él.

 

La defensa trasera dio de lleno en su mejilla y sintió que su cabeza estallaba en mil pedazos.

 

Desde el suelo, vio que el Mustang se acercaba lentamente hacia el. Juan respiraba con dificultad, el sabor ocre de la sangre llenaba su boca y sentía los pedazos de diente saliendo de entre los labios. Al voltear a ver hacia la ventanilla del piloto, solo vio una silueta negra que parecía gozar con su sufrimiento.

 

El auto retrocedió lentamente y enfilo la rueda delantera izquierda hacia su cabeza. La llanta se subió a su cabeza y se levanto por un instante, pero el peso del auto la aplastó como a un coco.

 

Alicia apagó el Mustang, dejando las llaves en el encendido y se bajo de manera lenta. Se alejó del deportivo sin mirar atrás. Nadie salio. Nadie se dio cuenta. La lluvia seguía cayendo sin prisa. Llegó hasta su auto y se dirigió a casa.

 

Al día siguiente, la policía se presento en su casa y le preguntaron por Juan. Ella dijo que habían tenido una pelea y que se había ido del departamento, dejándola sola con la cena servida.

 

El oficial le pregunto que si sabia que tenia otra novia. Alicia entonces dejo salir todo su llanto y su rabia por saberse engañada.

 

El oficial le cuestionó si ella conducía el auto de su novio. Ella contesto que algunas veces lo manejaba cuando él se quedaba y tenia que moverlo para dejar pasar a los vecinos.

 

Alicia estuvo en varios interrogatorios y en todos se determinó que ella era la engañada y no sabia nada. La otra muchacha tampoco sabia nada de la doble vida de su novio.La policía determinó que si el occiso tenia 2 novias, bien podía haber tenido algún amorío con una mujer casada y un marido celoso podía haberlo hecho.

 

Alicia regreso al trabajo y la carga laboral, le hacia mas llevadera la pena.

 

Un día, llego a la cocineta y vio a María haciendo el aseo. La saludó y comenzaron a platicar. Por alguna razón, el difunto marido de María salio a relucir.

 

-Usted me dijo que su marido había fallecido, pero nunca me dijo como había sido.- preguntó Alicia.

 

- Una enfermedad que los doctores no pudieron detener y que se lo acabo poco a poco. Duro 3 años apagándose como una vela. - dijo María sin pena.

 

- Fue una larga agonía.- dijo Alicia.

 

-Fue su castigo. Imagínese, yo sufrí 30 años de infidelidades, golpes, malos tratos. Era lo menos que podía hacer por mi, morirse lentamente. - dijo María.

 

- Y nunca le recrimino nada? No le reclamo su conducta? - preguntó Alicia.

 

- Para qué. Mejor dejar que la vida le diera lo que merecía.- sonrió María.

 

- Y es bueno hacerse, como usted dice, " pendeja" ? - cuestiono Alicia.

 

- Una cosa es "hacerse" y otra "serlo". Nosotras nos hacemos, pero no lo somos. Buscamos la manera de hacérselos notar, no lo cree? - le dijo María guiñándole un ojo y saliendo de la cocineta.

 

Alicia no contesto nada. Se quedo viendo un punto en el infinito mientras tomaba un sorbo de su café y sonreía.


 

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