El asesino de El Rosario
Voy a tratar de poner por escrito esto que me ha robado todo lo que tenía: trabajo, familia, amigos, sueño, tranquilidad, salud, paz. Es algo que me carcome por dentro y que, a pesar del tiempo que ha pasado, no lo he podido superar.
Es difícil comenzar con algo que, a veces me es difícil creer, en verdad sucedió.
Yo era un oficial de policía, adscrito a la policía municipal en el Estado de México en la República mexicana. Durante mi tiempo en servicio, me enfrenté a diferentes situaciones, desde robos simples, escándalos vecinales, violencia doméstica hasta homicidios y secuestros; sentía que ya lo había visto todo y nada podía sorprenderme. Debido al manejo de la policía en Mexico, el compañero de auto patrulla, cambia dependiendo de la zona que nos toque vigilar y el turno asignado.
En una ocasión me asignaron el área de una unidad habitacional que se encuentra entre los límites del Estado de México y la Ciudad de México llamado El Rosario, el cual se empezó a construir hace 50 años y cubre un área bastante extensa; está conformada principalmente por edificios de departamentos y casas de interés social.
En aquella ocasión, mi compañero y yo íbamos en la patrulla realizando nuestro rondín. Yo iba manejando por entre las estrechas calles de la unidad; el día estaba muy tranquilo y estábamos decidiendo dónde detenernos a tomar nuestro almuerzo.
La plática giraba alrededor de deportes y lugares para comer. Cuando entrábamos a las inmediaciones de la estación del metro llamada “El Rosario”; mi compañero se quedó viendo a través de la ventanilla sin decir palabra. Le pregunté porque se había callado de repente. Tomándose su tiempo, me contestó que la gente a veces inventaba historias sobrenaturales acerca de situaciones normales. Hice un mohín de incredulidad y él continuó con su relato.
Contaba que cuando el inició su servicio cómo policía, se habían desatado una serie de robos en la zona de El Rosario; muchas personas se quejaban de una pandilla que asaltaba a los residentes y si no conseguían lo que querían, los golpeaban. Uno de esos incidentes fue el de una joven que regresaba de trabajar en la noche y tenía que caminar desde la parada del camión hasta su casa. El trayecto no era muy largo y lo hacia todas las noches; pero había una parte que estaba siempre muy oscura. En medida de lo posible, su padre iba a recogerla cuando la noche estaba muy oscura. Su padre tenía una carnicería en la zona comercial de la unidad habitacional y era muy conocido por todos los vecinos.
Una noche, al señor se le hizo tarde en su negocio y no pudo ir a recoger a su hija. Él llegó a su casa y la joven aún no llegaba por lo que decidió ir a buscarla. Cuando caminaba por la zona más oscura pudo distinguir a una persona en el piso. Corrió hacia allá y vio que era su hija que había sido golpeada para asaltarla. Cómo pudo la llevó a un hospital; ella estaba muy lastimada y tardó unos días en despertar y poder hablar.
Levantaron una denuncia; ella pudo identificar y dar los nombres de los atacantes; sin embargo, los familiares de los delincuentes los amenazaron y desistieron de la acusación; pero, el padre no desistió de su venganza. Él sabía quienes eran 3 los atacantes; debido al proceso, conocía su dirección, apodos y familiares. Dejó pasar un tiempo para que las cosas se calmaran; sabía que los ladrones se burlaban de él por la situación.
Pasados unos meses, el señor le sugirió a su esposa y su hija ir a pasar unos días a la casa de una de sus cuñadas que vivía en otra ciudad. Él dijo que se encontraría con ellas en unos días para no dejar el negocio cerrado mucho tiempo. Ellas se fueron de viaje un jueves y el las alcanzaría el sábado. Una vez que las había dejado en la terminal de camiones, supo que era tiempo. Al terminar la jornada de trabajo, eligió el cuchillo largo y filoso que usaba para destazar cerdos; lo afiló cuidadosamente y comprobó que podía atravesar un animal sin ningún problema.
Eran cerca de las 10 de la noche y sabía donde ocultarse para llevar a cabo su plan. Llegó a donde los muchachos asaltaban a la gente y se dispuso a esperar. Los chicos estaban fumando marihuana, el olor era penetrante. En un momento, uno de ellos tuvo la idea de ir a buscar algo de comer. Se alejó de los otros 2 y caminó directamente hacia donde el señor estaba escondido. El señor tomó el cuchillo firmemente y se acercó al muchacho; cuando estuvo junto a él, enterró el cuchillo en la cavidad abdominal con el filo hacia arriba y con fuerza lo fue subiendo. El muchacho al sentir el metal frío dentro de su estómago trató de gritar, pero la sangre se había empezado a acumular en su garganta; sólo pudo emitir un ahogado gorgoteo. Abrió los ojos como platos al sentir subir el metal e ir cortando sus intestinos. El señor cargó al muchacho al sentir que caía como bulto y lo arrastró a un rincón oscuro. Un rayo de luz iluminó la cara del muchacho y el señor vio cómo sus ojos se iban apagando; él lo vio como moría lentamente.
Cuando estuvo seguro que estaba muerto; volvió a esconderse para seguir esperando. Pasaron unos minutos que parecieron eternos; el señor estaba a punto de ir hacia los otros 2 cuando escuchó que uno de ellos iría a buscar al otro que se había ido. Espero a que el segundo tipo pasó junto a él y con un tajo cortó la garganta del jovencito. El muchacho se llevó las manos al cuello y sus dedos se perdieron en la herida y la sangre; cayó de rodillas tratando de jalar aire y gritar. El señor se puso detrás de él y le enterró el cuchillo en la nuca; fue un movimiento rápido de entrada y salida. El joven cayó de bruces sobre el pavimento con la mirada perdida y convulsionando. El olor acre de la sangre llenaba su nariz y sentía que su adrenalina crecía más.
Decidió no esperar más y se acercó al último muchacho, pretendiendo estar borracho. El muchachito creyó que era una presa fácil y se acercó confiado, blandiendo una pequeña navaja de muelle; antes de poder pronunciar palabra, sus ojos se desorbitaron al sentir algo frío introducirse en su pecho; el señor enterró el cuchillo directamente en el corazón del muchacho. El joven perdió todo control de su cuerpo, el olor a orina y heces llenó el ambiente. El señor tomó la mano del muchacho que tenía la navaja; se la quitó lentamente el muchacho sentía que la vida se le escapaba; su boca tenía un rictus de agonía y un grito que no podía salir. El señor dejó caer el cuerpo al suelo, tomó la navaja de muelle y la enterró en la parte baja de la quijada del muchacho cerrándole la boca.
Encontraron los cuerpos al día siguiente. Hubo muchas especulaciones sobre quién había sido; pero, no se acusó a nadie. Nadie volvió a saber nada del señor y su familia nunca regresó. La casa en la unidad sigue abandonada. Esto sucedió hace ya 20 años.
Hay quien dice que el señor sigue matando jóvenes porque él cree que van a lastimar más mujeres.
Otros dicen que hizo un pacto con la Santa Muerte; que prometió brindarle a la Niña Blanca las almas de todos aquellos a quien mate y que cada año tiene que matar un muchacho para honrar su promesa.
Hay quien dice haberle visto en las noches de octubre para darle el alma que le prometió a la Santa Muerte.
Mi compañero detuvo la narrativa y se quedó callado.
Le dije que no creía en historias de fantasmas y que sólo eran chismes de vecinos.
El se me quedó viendo y me dijo que ojalá nunca me tocara verlo.
Pasó el tiempo y mi rondín volvió a ser en la noche en la zona de El Rosario; esta vez en el mes de octubre.
Estaba solo patrullando cerca de las 3:30 de la madrugada, cuando llegó un aviso de un vecino que decía que estaban atacando a un joven en uno de los estacionamientos de la unidad; el que se encontraba en la esquina de la avenida civilizaciones y la avenida culturas. Al llegar, entre al estacionamiento y vi a un hombre corpulento acuchillando a un muchacho. Baje de la patrulla, saqué mi pistola, le apunté al hombre y le grité que se detuviera. El hombre no hizo caso y continuó apuñalando a lo que ya parecía un cadáver.
Dispare 2 veces y estoy seguro que di en el cuerpo de aquel hombre; él ni siquiera se inmutó. Levantó la cabeza y me miró. Sus ojos eran rojos y destellaban como si irradiaran luz.
Se enderezó y me apunto con un esquelético dedo índice. Volví a disparar; pero, parecía que las balas se perdían en un hoyo negro al tocar su cuerpo.
El ente simplemente me dio la espalda y empezó a caminar lentamente alejándose.
Me quede petrificado; cuando reaccioné, traté de perseguirlo, pero había desaparecido.
Ha pasado casi un año y he perdido todo. Desde ese momento, he tenido pesadillas; esos ojos me persiguen. He recurrido al alcohol y a la marihuana para aliviar el pánico que me agobia. Mi familia me abandonó cuando una noche desperté gritando, tomé mi pistola y empecé a disparar. Mi esposa salió herida y prefirió irse llevándose a mi hija. En la corporación, me hicieron una evaluación psicológica y me declararon: mentalmente inestable y me despidieron. Ningún médico podía ayudarme. Fui con una bruja; tan sólo con verme, se asustó; me dijo que estaba yo maldito y que mi muerte estaba cerca, que mi alma ya estaba prometida a la Niña Blanca; ni siquiera me dejó entrar y me cerró la puerta en la cara.
Ya casi no duermo. Mi pistola siempre está junto a mi. Trato de estar en un lugar iluminado siempre.
Esos ojos me persiguen; se que cuando me encuentren, mejor será suicidarme.
Aquí ya lo estoy esperando…
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