Sangre (terror)

 Hazlo otra vez…- la voz en mi cabeza repetía sin cesar.

 

Yo podía sentir la hoja de la navaja clavándose sin resistencia; como si se enterrara en mantequilla; yo apuñalaba cada vez más despacio; con cada puñalada, la sangre que manaba se hacía menor.

 

Los ojos de ella se habían quedado en un rictus de horror y dolor; ahora estaban fijos, comenzando a ponerse vidriosos, sin vida.

 

Una puñalada más.

 

Después de varios minutos, había perdido la cuenta de cuántas veces el cuchillo había lacerado.

 

Una parte de mi cabeza contemplaba horrorizado el hecho; mientras la otra disfrutaba con un éxtasis casi sensual.

 

Parecía tan lejano el día que comencé a tener esas visiones y deseos incontrolables. Aquella estúpida iniciación de facultad. Esa necesidad intensa de pertenecer.

 

El iniciar la universidad en medicina era mi sueño; sin embargo, no sabía que los alumnos y sus fraternidades y clubes tenían sus propias reglas.

 

Yo tenía las mejores calificaciones para ingresar y la fraternidad mas prestigiosa había puesto sus ojos en mi. Cuando me ofrecieron el ingreso, yo me sentía en la gloria; la mayoría de ellos acababan la escuela con honores.

 

El día de ingreso, me dijeron que tenía que pasar una iniciación para ser miembro oficial; argumentaban que dicho ritual, aseguraba el éxito en la carrera. Acepté hacerlo, más por ser parte del grupo que por convicción.

 

El ritual se llevó a cabo una noche. Me llevaron vendado a la morgue judicial, donde llevaban los cadáveres de accidentes y sucesos violentos. 

 

El lugar estaba iluminado solamente con velas; los demás tenían capuchas cubriendo su cabeza y su rostro; un gran libro que parecía muy antiguo descansaba en un atril en la cabecera de una plancha de autopsia, donde estaba un cadáver cubierto con una sábana; el alumno más avanzado se dispuso a iniciar el ritual, leyendo una de las páginas del libro; yo me encontraba a los pies del cadáver, escuchando cada palabra, pero entendiendo muy poco.

 

Por mi ambiguo latín, podía entender frases sueltas: “muestra el camino… más allá… sabiduría desde la muerte… conocimiento de primera mano… tu visión del otro lado… guiar su mano… desde la muerte misma… sabiduría de la sanación desde el más allá… “

 

Mientras el alumno leía, otro había destapado el cadáver y hacía una incisión en el pecho; el corte era pequeño, pero fue suficiente para extraer un pedazo del corazón; siguió hacia la cabeza, introdujo unas pinzas para biopsia por el oído y cortó un pequeño trozo del cerebro; para terminar, hizo un diminuto corte en la yugular y con el dedo pulgar presionó varias veces para extraer un poco de sangre; el cadáver ya tenía varias horas de muerto y apenas consiguió unas gotas; todas las partes fueron puestas en un mortero y reducidas a una pequeña masa de color marrón oscuro; toda la masa apenas ocupaba la punta de una cuchara para café. Trajeron una botella de vino tinto y sirvieron un poco en una copa, la cual tenía la vara de Esculapio a manera de pie de cáliz; vertieron la preparación en la copa de vino y enjuagaron el mortero con un poco más de vino. 

 

Una vez que el cáliz estuvo listo, el maestre me lo extendió; yo estaba reticente, pero me animó a tomarlo; mientras yo lo tomaba, me bendijeron con una oración en latín que no entendí.

 

Después del ritual, me llevaron a una taberna con mucho alcohol y mujeres, de lo que yo no pagué; esa noche fue de desenfreno total; no recuerdo cuantos compañeros se fueron con cuántas mujeres. Tenía miedo de contraer alguna enfermedad por lo qué había tomado; pero, contrario a todo, me sentía vigoroso y seguro de mi mismo; mis notas nunca habían sido tan altas con tan poco esfuerzo; era cómo si supiera las respuestas antes de conocer las preguntas.

 

Cuando inicie mis prácticas, yo sentía una gran fascinación por ver cómo el forense o el cirujano hacían los cortes en un cuerpo, vivo o muerto. 

 

El ansía que sentía con cada corte era inmenso; cuando fue mi turno de practicar con un cuerpo, la experiencia de ese primer corte se podría explicar con la primera experiencia sexual; era éxtasis puro.

 

Seguí mis clases y prácticas; pero esa sensación no era igual. 

 

Me gradué con honores en la especialidad de médico cirujano. Adoraba sentir la piel y la sangre tibia al cortar con el bisturí; la excitación era parecida pero no llegaba a lo que había sentido antes.

 

Cierta ocasión, tuve necesidad de hacer una operación con ayuda de un anestesiólogo que acababa de terminar la carrera. Al momento de la incisión, la paciente lanzó un grito desgarrador y sus ojos mostraban un pánico indescriptible. El anestesista en jefe pudo adormecer a la paciente antes de que tuviera un shock; pero, aquella situación me dio el éxtasis que buscaba.

 

Cuando reaccione y pensé en lo que sentía, me di cuenta que eso estaba mal y traté de investigar para aminorar ese deseo insano.

 

Me reuní con mis amigos de la facultad en una fiesta de ex alumnos; estuvimos bebiendo mucho; en un momento, salió a colación la iniciación de nosotros en la fraternidad; me dijeron que el cadáver que se había usado en la mía, era de un sicario que gozaba cortar a sus víctimas y había sido abatido en un enfrentamiento con la policía.

 

Esa revelación me hizo pensar que de alguna manera, me estaba obsesionando.

 

Alguna vez, una paciente, que decía que tenía poderes psíquicos, solicitó que yo no la atendiera; no quería tratar conmigo; después supe que le había dicho al otro doctor que yo estaba maldito porque un espíritu se estaba apoderando de mi. Mis otros colegas se reían de la insinuación; yo no estaba tan seguro.

 

He hecho muchas cosas para apaciguar estas ansias; deporte, sexo, alcohol, trabajo extra; pero, ahora he sentido ese deseo más fuerte que nunca.

 

La vi caminando por la calle. Iba sola. Desconectada del resto del mundo por sus audífonos. No pude detenerme. Le tape la boca y la arrastré a donde estaba mi auto estacionado. La amarre y amordace con unas vendas usadas que tenía en la cajuela. 

 

La llevé a las afueras de la Ciudad de México. Encontré un claro alejado de cualquier lugar iluminado. La puse en la parte delantera del auto para usar las luces del coche para ver. Ella creía que la iba a violar; saqué mi navaja suiza y se la clave en el pecho. Sus ojos mostraban terror al sentir el metal frío en su cuerpo. El éxtasis llegó al ver brotar la sangre de su pecho. Volví a hundir la navaja en su cuerpo; al ser una hoja pequeña, el daño era poco y me permitió acuchillarla muchas veces. Después de un rato, dejo de moverse; comprobé que ya estaba muerta. 

 

Un minuto de lucidez, me hizo darme cuenta de lo que había hecho; pero, aún así, la sensación era fantástica. 

 

Lo he estado haciendo por varios meses y aún no logro controlar el deseo y el ansía; quizá el deseo ahora me controla a mí.

 

Hoy una vez más, estoy saciando mi sed de sangre.

 

Las prefiero jovencitas; sus ojos reflejan el miedo y el terror de mejor manera.

 

La Ciudad de México es grande y nadie sospecha de un médico respetado como yo.

 

La sangre sigue manando…

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