Las leyendas urbanas sangran (terror)
De verdad creía que no la había visto?
Le doy una larga calada a mi cigarro mientras mis manos se mueven habilidosamente para terminar el trabajo. La sangre hace que se vea desordenado; aún así, el tacto tibio del vital fluido en mis manos, me hace disfrutarlo más.
Ya perdí la cuenta de cuántas han sido; 5, 10, 40..
Algunas más memorables que otras y considero fútil estar recordando; sin embargo, hay trabajos que quedan más vívidos; la chica de 19 años de la colonia tabacalera en la Ciudad de México fue una obra de arte.
Nada difícil de convencer por tinder, buscando una relación fugaz para vengarse de su novio infiel; un café, una ida al cine y ya estaba lista; ella consiguió un departamento prestado de una amiga para vernos; fue un trabajo sublime; tardaron varios días en encontrarla; cuando la policía llegó, pudo admirar mi increíble obra de arte; la muchacha se encontraba sobre la cama en la posición del hombre vitruvio y suspendida a unos cuantos metros de ella, estaba su piel; estirada al máximo posible y atada a las paredes con un fino hilo de sedal para dar la impresión de estar suspendida en el aire; le quite la piel desde un corte en la espalda, respetando las áreas con vello y su cabello; la piel estaba completa y lucía como si se hubiera desprendido de forma natural en un macabro viaje astral.
Una obra maestra.
O aquel veinteañero del bar de homosexuales en la Zona Rosa de la Ciudad de México que buscaba un poco de acción mientras su pareja estaba en un viaje de negocios; nada difícil fue que me invitara a su departamento cerca de ahí; muy parlanchín; de algún modo el parloteo derivó en su gran flexibilidad; estaba embebido mostrándome sus habilidades que no sintió cuando le golpeé en la nuca con una botella de vino; murió al instante; fue necesario romperle la espalda para hacer un cubo con su cuerpo que cupiera en el horno de gas de su cocina; una vez acomodado el cuerpo, encendí en horno a fuego muy bajo. La policía lo encontró 2 días después por el olor tan penetrante; la grasa del cuerpo había goteado y estaba tan deshidratado que los músculos y la piel se estaban pegando a los huesos.
Un trabajo impecable…
Pero hoy fue diferente.
No tenía ninguna intención de trabajar el día de hoy y fui por un trago a un bar en insurgentes sur. El lugar estaba tranquilo a pesar de ser viernes; el grupo amenizaba con canciones de los 60’s, 70’s y 80’s por lo que el ambiente era agradable. De la nada, una mujer muy hermosa se acercó a mi y empezó a hacerme la plática; la conversación era muy sui generis; en algún momento, se desvió a leyendas urbanas; ella hablaba de un grupo de personas que secuestraban hombres en bares para extraerles los órganos; nos reímos con ganas por todo lo que inventaba la gente.
Después de un rato, me invitó a tomarnos otra copa en un lugar más privado; pague la cuenta y agregué una botella de vino tinto; llegamos a un motel en las cercanías; no hubo necesidad de registrarse, entramos directamente a un cubículo separado; ella dijo que se encargaría del pago al retirarnos; entró al baño mientras yo puse la televisión; sirvió el vino en un par de vasos de plástico y comenzamos a beber; fui al baño a orinar, cuando regresaba vi que ponía un líquido en mi vaso de vino; me acerqué a ella y empecé a insinuarle que nos fuéramos a la cama; ella dijo primero termináramos el vino; hice un movimiento y ella derramó un poco de vino en su vestido; fue al baño a limpiarse y aproveché para cambiar los vasos; cuando regresó, le dije que ya quería comenzar y me tomé el vino de un trago; la comencé a abrazar y besar y ella se dejó hacer; un par de minutos después, me recosté en la cama y fingí estar dormido; escuché cómo hablaba por teléfono; decía que el hombre para los riñones y el pulmón estaba listo, que pasarán por ella en 2 horas; salió del cuarto y regreso rápidamente con una hielera mediana, con hielo a la mitad; sacó un bisturí de su bolso y se acercó a mi.
Estaba yo boca abajo y sentí como levantaba mi camisa, buscando donde estaba el riñón. Con un movimiento, le propiné un codazo a la altura de la sien; el aturdimiento y la sorpresa hicieron que ella reaccionara tarde.
Tomé el vaso de vino que tenía el líquido que ella había puesto e hice que lo tragara; en un par de minutos estaba inconsciente pero viva; la desnudé y la puse sobre la cama; tomé el bisturí y comencé a cortar.
Abrí la cavidad y extraje los 2 riñones sin cortar los conductos; ahora los riñones conectados yacían al lado del cuerpo; hice un corte longitudinal en la caja torácica y saqué los pulmones por debajo de las costillas; es hipnótico ver cómo se inflan y desinflan con la respiración; por último extraje el corazón aún latiendo.
Mis manos están cubiertas de sangre; ella no tardará en morir por el choque séptico; sus amigos la van a encontrar.
Termino mi cigarro con una larga calada.
Junto todas mis cosas y me dispongo a salir.
En la puerta, volteó a ver mi obra una vez más.
Sonrío viendo lo absurdo de la situación.
Ella, una leyenda urbana, la roba órganos.
Yo, otra leyenda urbana, el asesino serial.
Qué pasa cuando se encuentran…?
Las leyendas urbanas sangran…
Wooo!! Muy bien relato, escalofriantemente retorcido y crudamente real.
ResponderBorrarWow…made my mind go round.
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