Ya están aquí…

 Parece que nunca se va a acabar.

 

A veces creo que puedo verlos en todos lados; entre la gente; detrás de un árbol; a la vuelta de una esquina.

 

Jamás imaginé que una escapada a una fiesta rave en Naucalpan me pudiera traer consecuencias tan nefastas. Mi vida ha dado un giro completo. 

 

Mientras la música sonaba a todo volumen y la gente se divertía bailando slam, tuve necesidad de buscar un sanitario; pero, ese galerón donde se presentaba el concierto parecía no tener un baño. Pregunté a varias personas; pero, el alcohol y las drogas no los dejaban pensar con lucidez.

 

Salí del lugar, esperanzado en encontrar un lugar para orinar. Cerca de los trailers que cargaban el equipo de la banda, pude apreciar a los 2 hombres que se abrazaban al cobijo de la obscuridad. Pensé que serían un par de homosexuales buscando privacidad. Seguí caminando, tratando de no molestar. El más alto se agachaba hacia el cuello del otro como si le besara el cuello; yo continué mi marcha. 

 

De repente, el alto me comenzó a seguir con la mirada. Yo volteé un momento y pude apreciar 2 ojos inyectados que vigilaban mis movimientos; no eran ojos humanos: la pupila se alargaba de manera vertical, como los de un felino y parecían irradiar una hipnotizante luz verde. Abrió las fauces, mostraban varias filas de colmillos; era como ver la boca de un tiburón. Los colmillos goteaban sangre. Por un segundo, pude ver al otro; su cabeza colgaba de manera macabra, casi cercenada por una infernal mordida; los ojos estaban volteados hacia arriba y la mandíbula colgaba en un eterno grito.

 

Aquel ente dejó caer el cadáver y se concentró en mi. Yo estaba paralizado. La música seguía sonando estridente; pero, yo no me podía mover, estaba hipnotizado por esa mirada. Que petrificado y entendí lo que una presa siente antes de caer ante el cazador.

 

Antes de dar el salto final, una cuerda salió de la nada y se enredó en el cuello del ser. El ente se llevó las manos al cuello tratando de soltarse cuando una segunda cuerda se enredó junto a la primera. 2 varas para controlar animales surgieron de la obscuridad para controlarlo. 2 hombres vestidos con trajes obscuros manejaban las varas. Su aspecto era poco común: estaban completamente rapados y cualquier vestigio de pelo se había eliminado de su rostro; vestían extremadamente pulcros; su piel era muy blanca, casi albina; sus cuerpos eran fuertes sin estar musculosos; se parecían a cualquiera y a nadie; sin tatuajes, sin marcas, usando guantes todo el tiempo. La cuerdas apretaron cada vez más hasta que cayó desmayado por la falta de aire. Los sujetos salieron de las sombras y le ataron de pies y manos. Me ordenaron que no me moviera, yo obedecí; su voz era firme. Uno de ellos sacó una jeringa veterinaria e inyectó al ente que parecía salir del letargo y eso lo amodorró. Lo subieron a un auto negro, en la parte de atrás. Uno de ellos, levantó el cadáver del otro tipo; lo alzó sin esfuerzo y arrojó el fardo a la cajuela del vehículo.

 

Uno de ellos me encaró y me dijo que no debía hablar de lo que había yo visto; dijo que me estarían vigilando y si divulgaba eso, habría consecuencias.

 

Les pregunté que era eso; sólo me contestaron que esas criaturas estaban aquí desde hacía mucho tiempo y que ellos se encargaban de controlarlos. No dijo más, se subió al auto y se alejaron.

 

Cuando llegue a mi casa en la colonia Del Valle en la Ciudad de México, encendí mi computadora y traté de buscar información sobre lo que había visto; apenas había revisado un par de páginas que hablaban de ovnis y seres extraños y que tenían foros para hablar con gente que decía haber tenido contacto con esos seres extraños. Entré a un foro y me comencé a dialogar con gente que decía haber visto a esos seres; algunos mandaron fotos o dibujos de los seres; otros me querían contactar; pero, uno me preguntó si me dirección IP estaba encriptada, le contesté que no sabía que era eso. Inmediatamente, todos se desconectaron, nadie volvió a contestar; en ese momento fue cuando recibí un correo electrónico que no tenía remitente. El correo solo decía que me habían advertido que no buscara o divulgara ahora me atendría a las consecuencias y contenía una fotografía en la que aparecía yo de frente a mi computadora, mostrando que se había tomado 2 minutos antes. 

 

En mi teléfono, tenía mensajes en mis redes sociales, todos los mensajes decían que me atuviera a las consecuencias.

 

Apagué mi computadora, cubrí con cinta la cámara del monitor y de mi teléfono celular. Sonó el teléfono de mi casa y solo dijeron que no buscara y que no dijera lo que había visto.

 

Vi por mi ventana y creo qué hay un carro negro afuera.

 

Escribo estas líneas en un cuaderno.

 

Hace unos momentos se fue la luz.

 

Los seres están aquí y se alimentan de nosotros.

 

Ellos los controlan y callan a quien ha visto a los seres.

 

Está muy obscuro.

 

Oigo ruidos en mi departamento.

 

Veo sombras acercándose.

 

Ya están aquí…

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