El tren 500-501

 El poder trabajar en el sistema de transporte METRO en la Ciudad de México es un privilegio; las prestaciones sindicales son buenas, los horarios no están tan pesados y, ser ingeniero, te da oportunidad de conocer todas las instalaciones A cualquier hora.

 

Es admirable la manera en que la gente de mantenimiento, logra poner en funcionamiento trenes que, en otros países, ya serían considerados chatarra; piezas hechizas, desmantelamiento de trenes y vagones, etc.

 

Mantenimiento suele trabajar durante la noche para que más trenes y vagones estén en funcionamiento para iniciar labores el día siguiente. 

 

Hay varios talleres de mantenimiento, de los más grandes están en la terminal El Rosario e Indios Verdes; ahí se pueden encontrar trenes y vagones que se usan para piezas de recambio.

 

He oído muchas historias macabras de labios de los propios trabajadores; algunas terroríficas, otras ridículas, algunas mas absurdas; pero, hubo una que aún hoy me eriza la piel porque la viví en carne propia. 

 

Me tocó trabajar en los talleres de El Rosario un 18 de septiembre; necesitábamos unas piezas para unos vagones que entrarían en operación al día siguiente. Eran cerca de las 3 de la madrugada; nos habíamos pasado casi 3 horas buscando entre algunos vagones que estaban semi desmantelados y no pudimos encontrar lo que buscábamos. Vi unos vagones que estaban en la parte más alejada del taller; le dije al operador que estaba conmigo que buscáramos en aquellos vagones; él se puso muy serio y me contestó que el no se acercaría a esos vagones y menos en esa noche. El era un hombre mayor y muy centrado,  me extrañó su comportamiento.

 

Le pregunté el porqué no quería ir y su actitud tan extraña; lo que me contó salía de cualquier raciocinio lógico.

 

El tren era el 500-501.

 

En 1985, el 19 de septiembre a las 07:17 horas, la Ciudad de México sufrió uno de los terremotos más devastadores de la historia; con una magnitud de 8.1 y movimientos oscilatorio y trepidatorio; el sismo había derrumbado muchos edificios en la ciudad; algunas zonas estaban devastadas. La población se dispuso a auxiliar a las víctimas que se encontraban entre los escombros; algunos eran rescatados con vida; pero, la gran mayoría eran cadáveres, los cuales estaban mutilados, aplastados, irreconocibles; en el centro histórico y la calzada de Tlalpan, las bolsas negras con restos humanos se contaban por cientos; los transportes eran insuficientes.

 

El director del metro tuvo la idea de transportar los cadáveres en uno de los trenes, hacerlo durante la noche para evitar alarmar a la población y tener vía libre.

 

El tren recorría las estaciones en donde ya lo esperaban los cadáveres apilados para ser transportados; al principio, se usaban bolsas para cadáveres, después eran solo bolsas de plástico que, a veces, ni siquiera tenían un cuerpo completo, sólo partes mutiladas. Las bolsas emitían un olor fétido, sangre y líquido brotaban de las bolsas, manchando el suelo de las estaciones y el piso de los vagones; los intendentes se quejaron de que era muy difícil remover las manchas y el olor. 

 

Durante varias noches, el tren trabajó en su macabra tarea; hubo algunos chismes de que el operador oía lamentos y gemidos mientras transportaba los cuerpos.

 

Cuando se empezó a restablecer la vida normal de la ciudad, el tren se regresó a dar servicio regular; pero, la gente se comenzó a quejar de un olor nauseabundo en ese tren; en alguna ocasión, el tren se tuvo que desalojar debido a lo insoportable del hedor; y se acrecentaba al acercarse la fecha del aniversario del terremoto.

 

El tren se retiró de servicio cuando una noche, el operador notificó vía radio que él se dirigía a encerrar el tren y por la ventanilla de la cabina, con el rabillo del ojo, pudo ver algo o alguien que se asomaba, el hedor llegaba hasta la cabina y gemidos y lamentos se escuchaban. El operador entraba en pánico, su voz se quebraba, le impedía articular las palabras y no se entendía lo que quería explicar. Al llegar el tren a la terminal, el operador salió de la cabina gritando y vociferando; una ambulancia tuvo que llegar para poder ayudar al operador, quien terminó internado en una institución psiquiátrica por varios meses debido a un trauma que sufrió, sin poder especificar que lo pudo haber provocado.

 

Aquel hombre continuó diciendo que no había sido el único evento que se tenía registro; gemidos, lamentos, se escuchaban en la última corrida del tren, así como sombras y entes que se podían ver en los vagones; pasajeros reportaban ver bolsas negras bajo los asientos, siluetas obscuras, hedor, lamentos, manchas rojas en el suelo del vagón.

 

El tren completo fue sacado de servicio; un tren completamente funcional dejó de trabajar debido a todo lo que se decía que sucedía en él.

 

Y se rumoreaba que se acrecentaba cuando se acercaba la fecha del aniversario del terremoto.

 

Él me dijo que no creía en nada de eso hasta que una noche; él fue a buscar una pieza a ese tren y escuchó unos gemidos que le helaron la sangre.

 

Le increpé que como podía creer en esas historias; que sólo eran fantasías; yo iría al tren a buscar lo que necesitaba.

 

Él fumaba nervioso y dijo que me esperaría ahí, que él no se acercaría.

 

Camine por el patio del taller hacia aquel tren; iba esquivando rieles y piezas; pero, sentía que el ambiente se hacía más denso y enfriaba rápidamente. La cabina frontal del tren se levantaba frente a mi imponente, como si me mirara, amenazante. Trepe con dificultad al primer vagón y me dirigí a buscar la pieza; hacia frío, podía ver mi aliento salir cuando respiraba, un escalofrío recorrió mi espalda.

 

Poca luz entraba por las ventanillas sin vidrios logrando una iluminación tenebrosa y lúgubre; mi lámpara me ayudó a encontrar la pieza en la parte baja de un asiento; me arrodillé para obtenerla, oí algo a mi espalda; mi visión era entre las patas y la parte baja de los asientos; con la poca luz que entraba, a unos metros de mi, pude distinguir un bulto negro sobre uno de los asientos, goteaba un líquido de él, un olor nauseabundo llenó el lugar, un gemido llegó a mis oídos. Me paré rápidamente; en la parte más lejana del vagón pude distinguir claramente unas figuras negras flotando sin moverse; sentía yo las miradas posarse en mi, en los asientos empezaron a aparecer lo que lucían como restos humanos, manos, piernas, brazos, torsos ensangrentados; estaba paralizado, no me podía mover, mi corazón latía aceleradamente. Uno de los entes me miraba fijamente, ladeó su cabeza lentamente sin dejar de mirarme y emitió un grito desgarrador que me taladró los oídos.

 

Salí de mi ensimismamiento y corrí a la puerta del vagón. Me caí al patio del taller en mi desesperación de huir de ahí.

 

Aquel hombre no se había movido, pero cuando me vió, corrió a auxiliarme. Me preguntó que había sucedido, guardé para mi la experiencia.

 

Me ayudó a llegar a las oficinas del taller, alejándonos del tren. Volteé a verlo, la hierba y la obscuridad lo hacían lucir más tenebroso.

 

Eran la 3:03 de la madrugada.

 

No deje mi trabajo, sigo en los talleres del metro y a veces volteo a ver ese tren que está en la parte más alejada y mi mente recuerda el grito desgarrador de ese ser.

 

Eso que está atrapado en el tren 500-501

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