La mistery box

 


Estoy esposado, mi mano izquierda tiene un vendaje con una mancha de sangre, me muestran los grabación de un “en vivo” que estaba haciendo para Tik Tok; mis ojos se desorbitan al ver la grabación…


Siempre tuve la idea de convertirme en un influencer famoso, tener muchos seguidores y ganar dinero. En mis canales de YouTube y Tik Tok, subía videos de toda índole: tutoriales, críticas, bromas, etc. Todo por ganar seguidores; poco a poco, el canal fue ganando adeptos; pero, yo buscaba más.


Vivía en un departamento en la colonia condesa de la Ciudad de México, que compartía con un muchacho argentino que trabajaba de mesero en un restaurante cercano. 


Estaba pensando en mi siguiente video para grabar y atraer público, cuando mi compañero se acercó y me sugirió hacer un “live” en Tik Tok de un unboxing de una mistery box. Empecé a preguntar a mis seguidores si les gustaba la idea; uno de ellos me sugirió comprar la mistery box en la deep web y develar su contenido en vivo; hasta me envió el link del posible proveedor. Me acerqué a un conocido que solía navegar en la deep web y sabía como moverse sin ningún riesgo. Entró a la página que le indique, el me miró inquieto, dijo que tenía que tener cuidado en ese tipo de páginas. Apareció una página en blanco, solo un buscador al centro; tecleo mystery box; solo apareció un recuadro para hacer el pago por US$50.00; con reticencia, puse los datos de mi tarjeta; solicitó una dirección de entrega; al terminar, la página se volvió a poner en blanco con el buscador al centro. 


Pasaron varios días, el dinero había sido tomado de mi cuenta y el paquete no había llegado. Creí que había sido estafado; cuando una mañana, un paquete apareció a la puerta de mi departamento; no tenia remitente, ni los emblemas de una empresa de paquetería; solo una caja color café con una calcomanía pegada y mi dirección escrita a mano.


No sabía que esperar; decidí preparar todo para el unboxing esa misma noche; era jueves y se que la mejor hora para un “live” es a las 9:00 de la noche; es casi fin de semana, la gente tiene que trabajar al otro día y quieren algo interesante para ver antes de descansar. Ya había estado haciendo publicidad sobre el unboxing en mis redes sociales y desde temprano anuncié que el esperado evento sería esa misma noche.


Hice los preparativos, las luces, los tripiés; tres teléfonos transmitiendo simultáneamente desde 3 ángulos distintos, de frente, a un lado y desde arriba; abrí una sesión de zoom y abrí las 3 cámaras en la sesión para poder transmitir los 3 ángulos simultáneamente. 


Inicié sesión en Tik Tok para poder revisar la transmisión en vivo y monitorear que todos los teléfonos estuvieran mandando la señal correctamente. Coloque la caja estratégicamente; tijeras, navaja, micrófono; todo listo y probado para trabajar sin problemas.


A las 9:00 en punto inicie la transmisión. Unas decenas de personas se habían conectado; los inste a invitar a sus amigos y contactos a que se unieran; la mistery box había sido conseguida en la deep web y podría tener cosas muy escabrosas. Puse la caja limpia sobre la mesa. Comencé hablando de que muchos pseudo influencers preparaban las mistery box con cosas aleatorias y trataban de hacerlas pasar por reales; en la cámara de lado, transmití fragmentos de videos de falsas mistery box y como se notaba que estaban arregladas. Con una hora de transmisión, me di cuenta que tenía ya algunos cientos de espectadores y decidí que era el momento adecuado de iniciar.


Mostré la caja a cuadro; una caja limpia, sin logos, solo la etiqueta blanca pegada; hice hincapié que la etiqueta solo tenía mi dirección garabateada con plumón negro. Tome la navaja y abrí la caja. Me decepcione al ver dentro una caja más pequeña, igual de limpia y cuidada. Los comentarios y reacciones de enojo no se hicieron esperar; me apresuré a abrir la segunda caja; mi cara no podía disimular la frustración ; 3 sobres de papel manila, tamaño carta, pulcros y nuevos, descansaban en el fondo de la caja. La risas y burlas de los espectadores se incrementaron; las leyendas sobre las mistery boxes eran patrañas. Empecé a hablar de como el internet hacía famosa a gente mentirosa y como atrofiaba la mente de los más crédulos; tome el primer sobre, estaba pesado, al abrirlo, encontré una daga hecha con varilla de construcción de unos 25 cms. de largo, hoja y mango, estaba burdamente soldada, pero la hoja y la punta estaban tan afiladas como un bisturí, y relucía como nueva. Tome el siguiente sobre, salieron varias fotografías; al verlas a detalle, mostraban lo que parecía una escena de crimen; en una se apreciaba un teclado de computadora con manchas de sangre; otra un cuerpo en el suelo en un charco de sangre también; un brazo con cortes en la muñeca, como para un suicidio y estaban aún sangrantes; la misma daga cubierta completamente de sangre sobre un escritorio; todas mostraban algo similar, sin mostrar rostros, con tomas muy de cerca; sin embargo, por alguna razón, las fotografías me parecían asombrosamente familiares. El último sobre era el más ligero, casi no pesaba; al abrirlo, aparecieron 2 píldoras que lucían como de gelatina, una verde y una amarilla; y un pedazo de papel del tamaño de una tarjeta de presentación y con caligrafía manuscrita, limpia y nítida, un mensaje:


“Tómalas y deja que la magia suceda..”


Los espectadores seguían aumentando mientras abría los sobres; al llegar a las píldoras, las reacciones y los mensajes se incrementaron pidiendo que me tomara las píldoras; agarré una botella de agua que tenía cerca y las tragué. Recuerdo que mostré un poco más de las fotos y la naturaleza extraña de la daga; después todo se nubló…


Un policía detuvo la grabación y me comenzó a interrogar sobre lo que sucedió después; yo le repetí que no recordaba nada; que quizás me había desmayado o quedado dormido; que no había hecho nada.


Él lanzó un bufido de hastío; dijo que dejará de mentir, que todo el mundo sabía lo que había pasado; que como se me había ocurrido hacer algo así de nefasto en vivo; que estaba yo loco; que muchos pseudo influencers hacían muchas estupideces tratando de ganar seguidores y likes. Yo seguía sin entender; me dijo que si no quería hablar, me mostraría la evidencia que me enviaría a la cárcel de por vida; continuó la reproducción de la grabación y mis ojos se desorbitaron de horror.


De estar hablando sobre la daga; empecé a reír de manera desquiciada; mis pupilas estaban tan dilatadas que el iris era prácticamente inexistente arrojé las fotografías hacia arriba como confeti sin dejar de reír; mi mano se encontró con la daga y mis ojos se abrieron más; tomé la daga con la mano derecha e hice un corte en el brazo izquierdo a la altura de la muñeca; el hemático líquido carmesí brotó inmediatamente; a ese corte le siguió otro y un tercero; la risa se transformó en gritos enloquecidos, combinados con risas maníacas; de repente, se oyó el grito de mi compañero de cuarto que entraba a la habitación pidiendo saber que pasaba; al ver la sangre que manaba de mis heridas y correaba sobre el escritorio, lanzó un grito de terror; mi mano con la daga se giró hacia su cara y se enterró en su mejilla; al mover la daga, el corte fue del nacimiento del ojo a la boca creándole una sonrisa macabra; se llevó las manos a la cara, tratando de protegerse; el siguiente tajo le cortó algunos dedos de la mano derecha; los dedos cayeron al suelo como salchichas de cóctel; mi rostro era una máscara infernal, mis ojos estaban inyectados de un rojo obscuro; enloquecido seguía yo lanzando tajos contra él, sin importar el lugar de impacto; un tajo le atravesó la mano izquierda de lado a lado; otro más se alojó en su hombro; otro alcanzó su cuello, la sangre manaba a borbotones; cayó al piso, desmayado por el shock; ya en el suelo, me arrodillé y seguí enterrando la daga en su cuerpo; mis ojos mostraban deleite; perdí la cuenta de la veces que mi brazo subió y bajo; el contador de visitas estaba vuelto loco de cientos pasó a miles y después cientos de miles; las reacciones y mensajes se suscitaban en rápida secuencia; se oyó un estruendo, la puerta de mi habitación reventó, muchos policías entraron; alguien los había alertado de lo que sucedía en la transmisión; se necesitaron 4 policías para detenerme y alejarme de un cadáver que lucía como carne molida; las 3 cámaras habían transmitido la carnicería de manera brutal, de todos los ángulos; un oficial de agacho y desconecto todos los cables; el “live” pasó a negros inmediatamente; el reloj mostraba las 10:30 todo había sucedido en unos minutos.


El policía salió y me dejó solo; yo no podía creer lo que había hecho; nadie creería que fueron las píldoras; nadie creería qué las fotos eran de esa masacre que yo había hecho, pero no importaría; me hicieron pruebas y determinaron que estaba yo mentalmente sano y que era consciente de lo que hacía; los análisis que me practicaron no encontraron ninguna sustancia en mi cuerpo para alegar que habían sido las píldoras.


Espero ahora al ministerio público para que me vincule a proceso; pero ya se la sentencia.


Yo creía que las mistery boxes eran solo basura; a mi me pasó y le puede pasar a cualquiera…

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