Entradas

La Niña

  Cómo un sueño que regresa…   Cómo una pesadilla que se vuelve realidad…   Cómo un miedo infantil saliendo de debajo de la cama…   La foto en aquel periódico amarillista trajo el recuerdo de un suceso, intentado ser olvidado con litros interminables de alcohol y kilos interminables de tabaco.   Noches de juventud, en las que despertaba gritando, mientras sudaba y trataba de eliminar las visiones que habían regresado.   Ella, pequeña; con su mirada dirigida a la cámara de un reportero, perdiéndose en una multitud de curiosos que estorbaban a la policía; forenses, con guantes manchados de sangre, subiendo bolsas negras y un pie de foto explicando que aquellos bultos contenían restos humanos; pero, que por su tamaño, más parecían contener solo pedazos de carne.   Esos ojos taladraban mi cerebro, parecían verme solo a mi; amenazando que sufriría la misma suerte si hablaba; pero, aún si hablara, terminaría medicado y encerrado en un cuarto acolchonado, com...

El imbécil del pentagrama

 El estudiar criminalistica me ha hecho perder la capacidad de asombro. Hay situaciones que rayan de lo grotesco a lo absurdo; y a veces no sabes cómo la mente humana razona de tal o cual manera. Suicidios, celos, rencor, avaricia; el abanico de posibilidades se abre enormemente que, después de un tiempo, ya no te asombra nada. Pero, hubo un caso que realmente me hizo reflexionar sobre la estupidez humana. Una mujer llamó a emergencias en la Ciudad de México para solicitar apoyo debido a una infestación de moscas que provenían de un departamento en el edificio que ella vivía. Las unidades de apoyo llegaron al lugar. Subimos al tercer piso; las moscas infestaban el lugar y un olor agrio comenzó a llenar el ambiente; moscas plagaban el lugar; la falta de ventanas y luces en el pasillo, daban un ambiente aún más lúgubre y sombrío. El equipo de la policía éramos varias personas, 4 agentes uniformados, 3 de forense y 2 de ministerio público. Uno de los agentes tocó a la puerta; al no re...

Los hombres sombra de la estación 18 de Marzo

  Necesito dormir con la luz prendida… y aún así, puedo verlos…   Duermo a ratos… no sé si mi mente juega conmigo o ahí están…   Si no hubiera tenido tanta necesidad y aceptado ese trabajo en el metro de la Ciudad de México, no sabría de su existencia; pero, ahora, se que nos vigilan y esperan el momento…   Tomo el café lo más caliente que puedo y no me puedo quedar despierto. Cigarro tras cigarro, café tras café; los ojos se me cierran.   No sólo están allá; están en todas partes.   Mientras sigo fumando y tomando café, trato de mantener mi mente ocupada y solo recuerdo lo que sucedió.   Entré a trabajar como vigilante nocturno en el metro. Tenemos que vigilar que las estaciones estén vacías durante la noche y que la gente de limpieza haga su trabajo. Había escuchado de anécdotas que se suscitaban en algunas estaciones; yo creía que muchas de ellas eran exageradas o producto del alcohol o los fármacos que algunos compañeros usan; ellos dicen que es pa...

Voces

  Las voces retumban en mi cabeza sin cesar.   Desde que recuerdo han estado ahí.   Quizás aquellas pastillas que me dieron cuando estaba es la primaria, las acallaron por un tiempo; pero, al quitarlas cuando cumplí 18, se han hecho más fuertes y más constantes.   Al principio, sólo murmullos, cuchicheos, palabras sin sentido; después se tornaron en frases, ideas, órdenes.   La primera que recuerdo conscientemente fue apenas hace un par de años. Una mañana, las voces se mezclaban en mi cabeza; unas parecían infantiles, otras suaves como de mujer, ancianos, jóvenes; sin embargo, una sobresalió de entre todas, fuerte, clara: “hazlo”.   Inicie mi día yendo a trabajar; una oficina mediocre, en un empleo mediocre, en una empresa mediocre; lo que mis estudios y antecedentes me podían dar.   Mi jefe estaba anormalmente fastidioso con el personal, incluyéndome a mi. Me reprendió enfrente de todos por un error nimio; pero, hizo un gran escándalo. Yo permanecí c...

El paramédico

 Es  algo a lo que me he acostumbrado.   El trabajo de paramédico es extenuante y lleva a muchos a la locura y la desazón.   Comencé cuando tenía 24 años al terminar mi carrera; me matriculé en la cruz roja en los cursos especializados, con la firme esperanza de obtener una de las limitadas plazas que se otorgan cada año; las plazas se abren por retiro, renuncia y ascenso.    Al empezar el trabajo, era yo camillero auxiliar y apoyaba a quien era el camillero en jefe y dirigía la operación en una situación de rescate. Cada vez que había una emergencia, tuve la suerte de atender casos relativamente fáciles y que no implicaban mucha experiencia. El compañero que tuve al principio, compartía su experiencia de manera manera natural; aprendí mucho de él.   Todo cambio cuando, al año de estar en servicio, me mandaron al turno nocturno; entonces, todo fue muy extraño.   Nos mandaron a un accidente de motocicleta que involucraba a un herido grave. Era noch...

Celos…

  Ese olor tan penetrante, exacerba mis sentidos una vez más.   Las llamas van consumiendo poco a poco, destruyendo la materia lentamente, reduciendo todo a cenizas.   Descubrir una habilidad que se tiene de nacimiento puede ser algo traumático si no se sabe encaminar a esa habilidad.   Una vorágine de recuerdos llega a mi mente mientras mi mirada de pierde en el destello de las flamas y el crepitar del fuego.   Mi memoria se remonta a mis primeros años en el jardín de niños; uno de mis compañeros había pasado corriendo junto a mi mientras comía mi almuerzo y si fijarse tiro toda mi comida al suelo; corrió a la resbaladilla; estaba yo furiosa, quería desquitarme de alguna manera; me quede viendo fijamente cómo se resbalaba por el tobogán; de repente, el niño empezó a gritar como desesperado; me satisfacía verlo gritar. Varias maestras se acercaron y vieron al niño retorciéndose en el suelo.    Al levantarlo, las manos y las piernas estaban ampolladas c...

Un amigo…

  Es hoy que aún no lo creo.     Han pasado algunos años y el recuerdo me persigue en estas fechas.   Hace algunos años, en la celebración de Día de muertos, visite la tumba de mi abuelita en el panteón San Isidro de la Ciudad de México; en un panteón antiguo al norte de la ciudad.   Eran cerca de las 8 de la noche del primero de noviembre y la gente todavía se arremolinaba para poder entrar. Familias enteras se apretujaban en los vehículos, de manera festiva para recordar a quienes ya se han ido.   El acceso fue lento y cuando pude entrar ya era tarde en la noche. El cementerio es enorme y está distribuido a manera de una gran glorieta en el centro y tumbas alrededor de los muros que custodian el recinto; los vehículos entran y circulan contra las manecillas del reloj, tratando de acercarse lo más posible a donde se encuentra su familiar. Los senderos entre las tumbas y mausoleos son estrechos y cubiertos de plantas y hierbas que crecen sin cuidado alguno....